Análisis

Jesús Alba

Pídanle perdón a Lopetegui

La afición del Sevilla le pitó a su entrenador en los tres últimos duelos con público en Nervión

Lopetegui, tras el pitido final.

Lopetegui, tras el pitido final. / Ina Fasbennder / Efe

De rodillas, en fila india... y que no falte ninguno. Que la afición sevillista pase a pedirle perdón a don Julen Lopetegui Agote y sus seis apellidos vascos adicionales. No me olvido que en el último partido con público en el Ramón Sánchez-Pizjuán, ante Osasuna, le dedicó una sonora pitada al entrenador que ha llevado al Sevilla a tener a toda Europa pendiente en una semifinal con el Manchester United. Pero si fuera sólo una... El sevilismo le pitó a su entrenador, incluso en algunos casos pidiendo su destitución, en los tres últimos encuentros con público del Sevilla en su estadio. Refresquen la memoria o revisen el calendario.

Mal disfrazada de exigencia, lo que esconde la afición del Sevilla está a caballo entre la ignorancia (futbolística) y la soberbia, y luego a los profesionales se les tiene que llenar la boca para alabarla y aplaudir su apoyo incondicional. Cuando quiere.

Voy por la mitad del artículo y ya me pitan los oídos de los insultos que me esperan, pero no podía reprimirme con la especial habilidad de esta afición en no estar contento con aquel al que no se le inyectan los ojos de sangre en los derbis. El fútbol de Emery, que se llevó la llave de las vitrinas tras meter en ella tres títulos europeos, aburría, y el de Lopetegui no gustaba hace poco porque daba un paso atrás.

  1. El fútbol pone a todos en su sitio y hemos asistido a un nuevo fracaso de un Guardiola al que ahora ridiculizan los mismos que lo idolatraban. El gurú del fútbol espectáculo no ha mejorado a sus antecesores en el Bayern Múnich y en el Manchester City, Heynckess y Pellegrini, demostrándose que no todo, para ganar, es tener constantemente el balón ni los mejores jugadores en tu vestuario.

Pídanle perdón y saquen bajo palio a Lopetegui, porque llevar hasta donde ha llevado al Sevilla y de la forma en que lo ha llevado está al alcance de muy pocos. Y no lo disfracemos de exigencia porque la exigencia es otra cosa muy distinta. Enhorabuena, entrenador.

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