Análisis

Roberto Pareja

Podemos cava su tumba silbando ante los violentos

El atronador silencio de Iglesias ante unos disturbios que desvirtúan la defensa de la libertad de expresión le puede costar muy caro... y Sánchez encantado 

El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias , durante una sesión de control en el Senado. El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo  Iglesias , durante una sesión de control en el Senado.

El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias , durante una sesión de control en el Senado. / EFE

Ni los más conspicuos tertulianos más o menos afines a Unidas Podemos saben hacer otra cosa que poner cara de circunstancias ante el silencio atronador que guarda la plana mayor de la formación morada ante no una ni dos ni tres ni cuatro sino hasta cinco noches de violencia en las calles, un repóker de oportunidades perdidas de Pablo Iglesias para salir a la palestra y condenar sin paliativos unos hechos execrables para cualquier demócrata que poco o nada tienen que ver con la defensa de la libertad de expresión y mucho con el afán de los grupos antisistema (se apuntan a todas) de incendiar las calles y de paso llevarse algún triste botín con sus saqueos.

Lo más grotesco además del qué es el quién, Pablo Hasel, un pretendido mártir de la libertad de expresión que se reduce en la práctica a un martirio para los oídos y la decencia, una nulidad de rapero con un extenso historial de amenazas, incitaciones y episodios de violencia, rematado por cuatro condenas; la última ratificada el jueves pasado por amenazar de muerte e intentar agredir al testigo de un juicio en el que se absolvió a un policía de una inexistente agresión. Antecedentes como éste, o el verter lejía a un cámara, lo han puesto de patitas en prisión. Su condena por injurias a la Corona y enaltecimiento de terrorismos varios se redujo a nueve meses y solo se va a la cárcel con una condena menor de dos años si se cuenta con  antecedentes, como ese martirizante mártir que se pasa el quinto mandamiento por el forro.

El hijo de su madre lo es también de un potentado empresario (no es por nada pero no suena precisamente a clase trabajadora el prenda) y la desnortada formación morada reclama el indulto para un personaje atrabiliario cuyo encarcelamiento ha desatado una oleada de violencia con la connivencia (o algo parecido) de Unidas Podemos. Los socialistas no están por la labor de concederle la medida de gracia aunque sí por la de reformar un Código Penal que castiga con la cárcel opiniones, un exceso por mucho que el sacrosanto derecho pueda albergar hasta las zafiedades de un personaje como Hasel.

Maldita hemeroteca

La maldita hemeroteca da fe de su catadura y en ella refulge una entrevista de hace siete años (con Podemos aún en pañales) a un Pablo Iglesias estupefacto ante las preguntas del delirante rapero, que en su vida se verá en otra como la de que un buen puñado de reconocidos y (éstos sí) talentosos artistas presuntamente despistados ante la trayectoria del espécimen se hayan volcado con él. 

 "Si te pudieras cargar a Juan Carlos de Borbón, Amancio Ortega o Aznar, ¿a quién te cargarías de los tres?". Ahí queda el brutal interrogante que el señor Rivadulla (el verdadero apellido de Hasel) planteaba a Iglesias con una sonrisa, aunque el hoy vicepresidente segundo del Gobierno no le dio la respuesta que esperaba. "No quiero cargarme a nadie", le replicó ceñudo condenando expresamente esa posibilidad.

Por entonces, con la mecha del 15-M, Podemos explotaba y un millón de votos le concedían cinco escaños en el Parlamento Europeo a los cuatro meses de su formación (el 11 de marzo de 2014). Al año siguiente, en las elecciones generales de 2015, irrumpía en el Congreso de los Diputados con 69 escaños en coalición con las llamadas mareas, erigiéndose como alternativa de la izquierda para horror del PSOE, que se llegó a temerse hasta un sorpasso, y que portazo mediante del ambicioso Albert Rivera tras los comicios de abril de 2019 a Pedro Sánchez ha acabado sentándose en el Consejo de Ministros. Apoltronándose como para más inri rezonga el propio Hasel...

Morir de éxito es siempre una posibilidad y el globo morado está perdiendo aire y votos. Agua y aceite, el Gobierno de coalición ha ido sofocando los pequeños incendios que se han ido sucediendo entre dos socios que poco o nada tienen que ver ni en el fondo ni en las formas, pero el otrora disciplinado y leal vicepresidente segundo del Gobierno está sacando torticeramente los pies del tiesto en su afán por no diluirse hasta la irrelevancia, aunque los estrategas de Iglesias no son tan finos como Iván Redondo y parece (con perdón) que los tienen cuadrados a tenor de su actitud ante los últimos acontecimientos.

Las coincidencias entre el PSOE y Unidas Podemos son amplias en la agenda social, desde la necesidad de la renta básica para los más vulnerables hasta la regulación de la eutanasia pasando por la defensa de la sanidad y la educación públicas. Pero las diferencias son enormes en cuanto a la política macroeconómica o la fiscalidad, por significativos ejemplos. El pulso por la ley de vivienda y la contención de los precios de los alquileres es la inmediata estación a la vista en el carrusel de desencuentros en Moncloa.    

Oposición desde Moncloa

Con una agenda independiente a la de los socialistas, la formación de Iglesias mantiene una estrategia de confrontación, de hacer oposición al Gobierno desde dentro, porque entiende que debe luchar contra la que considera tendencia natural del PSOE a aliarse con la derecha. "En política no hay que fiarse de casi nadie", admite el vicepresidente morado, que considera que la coalición no se basa precisamente en la confianza mutua sino en "una correlación de fuerzas y un acuerdo de gobierno que debe cumplirse".

Podemos, como partido minoritario del binomio, entiende que las tensiones con su socio le dan visibilidad, que es lo que buscaba Iglesias ante las elecciones catalanas con su extemporánea comparación entre un ex presidente de la Generalitat a la fuga con los exiliados republicanos del franquismo.

Los socialistas asumen con resignación las invectivas de Podemos y afirman que la estabilidad está asegurada por muchas fricciones que despachen día tras día.

Pero el afán de Unidas Podemos por significarse ha patinado con este último eslabón de la cadena de desencuentros. Una espita que abrió el tuit de Pablo Echenique animando a los "jóvenes antifascistas" a defender la libertad de expresión. Eso suena muy bien y está en consonancia con el ADN de la formación morada. El drama es que el portavoz parlamentario podemita lanzaba el beligerante tuit cuando el festival de la violencia gratuita empezaba a desparramarse y no ha vuelto a decir esta boca es mía.

Podemos se ha enrocado en su silencio ante el vandalismo y se niega a poner el foco en los disturbios, se empeña en plantarlo y plantarse exclusivamente en la defensa de la libertad de expresión... y en el ojo que ha perdido una manifestante en Barcelona.

La protesta se ha desvirtuado por los de siempre, esos ejércitos (no es una exageración, están armados, sus ataques a la Policía son planificados y  sus movimientos son propios de la más adiestrada guerrilla) de antisistema a los que se niega a condenar expresamente para pasmo de muchos de sus votantes adentrándose en un camino de perdición (de votos).

Se lo está poniendo a huevo a su legión de enemigos, entre los que no faltan hiperventilados como Eduardo Inda (cada cosa por su nombre) que inflaman la situación aún más con su violencia verbal y ponen sin pudor a este Gobierno la etiqueta de "maleante". Teniendo en cuenta que 12 de los 14 ministros que formaron el antepenúltimo Gobierno de José María Aznar (en julio de 2002) están imputados, encarcelados o implicados en asuntos judiciales escabrosos no parece buena idea la de echar gasolina al fuego con torticeras adjetivaciones.

Podemos está cavando su tumba silbando entre lanzamientos de adoquines, barricadas y saqueos. ¿No cae Pablo Iglesias en la cuenta de que todas esas decenas de arruinados con la pandemia y rematados con el destrozo de sus bares y comercios y toda la demás gente que lo contempla puedan llegar a aborrecer su actitud? Además, los antisistema son carne de abstención y de ellos no puede esperar nada en las urnas... su pétreo silencio ante la violencia desatada en las calles  está haciendo marea del charco en el que se ha metido con los dos pies.

Una cosa es hacer buenas migas con Otegi y con Bildu (el etarra condenado por secuestro ya pagó a la Justicia y colaboró en la rendición de ETA; y la  organización terrorista ya no existe y sus herederos son una fuerza legítima por mucho que duela), y otra es que todo un vicepresidente del Gobierno se muestre incapaz de condenar la violencia. Cosa que por cierto están haciendo sus satélites, como Ada Colau, mientras en el planeta morado parece que no hay vida... 

Y si alguien se esta beneficiando de la desconcertante actitud de Unidas Podemos y Pablo Iglesias es precisamente su socio de gobierno... que también silba, a dos carrillos... Sánchez se lo esta comiendo poco a poco mientras el PP hace mudanza rehén de su oscuro pasado, Cs se diluye en la nada y Vox se torna acechante.  

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