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Análisis

josé Martínez Olmos

Prevenir la gripe

En esta campaña se hacen esfuerzos para hacer posible una mayor cobertura

Estamos ya en plena campaña de vacunación de la temporada de gripe y vemos cómo el Ministerio de Sanidad y los servicios de salud actúan de manera activa para conseguir llegar a todos los ciudadanos y pacientes que constituyen los colectivos de mayor riesgo.

Este año la campaña de vacunación de la gripe se ha iniciado con un enfoque que pretende incidir en acciones organizativas y en mensajes e información que hagan posible una mayor cobertura, ya que en los últimos años no se han alcanzado los niveles deseados.

Uno de los elementos que se han detectado como determinantes de la baja cobertura se refiere al escaso nivel de vacunación de colectivos de profesionales sanitarios.

Por eso, es muy importante destacar que en la campaña que acaba de arrancar hay un despliegue de esfuerzos para hacer posible una mayor cobertura y una imagen de mayor compromiso con esta inmunización y cabe esperar, por tanto, una adecuada repuesta de las profesiones sanitarias.

Creo que hay suficiente evidencia en relación a las consecuencias negativas que tiene la gripe para la salud de los colectivos que, por su situación clínica de base, se denominan poblaciones de riesgo. La correcta inmunización frente a la gripe en estos colectivos, favorece la situación de evitar el deterioro de su salud e incluso, las fatales consecuencias que sabemos que ocurren.

Las vacunas son una enorme aportación a la salud de la población porque han supuesto opciones reales de prevención de numerosas enfermedades infecciosas que han cambiado el panorama epidemiológico de los países desarrollados.

Desgraciadamente, todavía hay muchos países que no se benefician de ellas por barreras económicas que no deberían darse ni debemos aceptar como algo inevitable.

Pero también es cierto que en torno a las vacunas como herramienta de salud pública hay elementos y actitudes que requieren una revisión para evitar los efectos negativos que han contribuido a un cierto deterioro de las coberturas poblacionales y a un cierto descrédito de los programas de inmunización.

Vale la pena subrayar que no hay soluciones mágicas pero sean cuales sean las medidas que se apliquen para mejorar el panorama, es imprescindible reforzar y empoderar el papel de las autoridades sanitarias, transparentar la información que sustenta la eficacia de cada tipo de vacuna, evaluar científicamente los resultados de su aplicación y favorecer el acceso en base a esas evidencias a toda la población del mundo que sea susceptible de beneficiar su salud con programas poblacionales adecuados.

Las vacunas son una herramienta de salud pública y es por eso que son las autoridades, apoyadas por los profesionales expertos en el enfoque científico de la salud pública, quienes tienen que dirigir los procesos para obtener los mayores rendimientos en salud y neutralizar injerencias que puedan perjudicar al conjunto de la comunidad. Ahora, con la prevención de la gripe, toca estar detrás de las autoridades sanitarias del Ministerio de Sanidad y de las Comunidades Autónomas apoyando los planes que se llevan a cabo esta temporada.

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