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Profesionales de la sanidad

El 'café para todos' no es un método válido en ningún tipo de organización

Nadie cuestiona la importancia esencial de los profesionales de la sanidad; no sólo porque ahora se hace más evidente su papel en situaciones difíciles por la pandemia sino también en condiciones de normalidad. Médicas, enfermeros, farmacéuticas, veterinarios, auxiliares, celadores y otras, cada cual con su función específica, son la clave de bóveda en la que se sustenta la sanidad. Sin embargo, poco se hace por mejorar su bienestar. Desconocer el malestar general de todos estos profesionales por la insuficiencia de las políticas de personal desde hace muchos años, agravadas por la enorme presión derivada de la pandemia, es un error del que conviene salir cuanto antes con medidas y acciones diferentes en el conjunto del sistema sanitario.

Tenemos un sistema de gestión de profesionales que muestra desde hace años una enorme incapacidad para reconocer y recompensar a quien más y mejor contribuye al objetivo de su centro, su servicio o su unidad asistencial. El 'café para todos' no es un método válido en ningún tipo de organización pero menos aún en organizaciones profesionales en las que buena parte de sus efectivos están altamente cualificados, de quienes depende la capacidad de conseguir el éxito en los objetivos.

A todo ello se une la importante precariedad que tanto en salarios como en estabilidad laboral caracteriza la realidad de muchos profesionales; en especial (aunque no exclusivamente), las generaciones más jóvenes que (también) han sufrido los efectos de los recortes presupuestarios ligados a la anterior etapa de crisis económica.

Y en esta ecuación conviene incorporar la percepción bastante general (aunque en bastantes ocasiones sea injusta), de que los gestores de los servicios sanitarios no responden al necesario perfil de cualificación y competencia que su importante función requiere. La distancia en términos de cultura organizativa entre las funciones gestoras y el resto de funciones profesionales en la prestación de servicios en la sanidad es grande. Demasiado grande. Es una cuestión evidente que salta a la vista y condiciona (junto a otros factores) la situación de baja estima que muchos profesionales tienen en relación a sus directivos y gestores.

En muchos casos, el malestar profesional también se ve influenciado por el inadecuado dimensionamiento de las plantillas que, junto a la alta demanda de servicios, sobrecarga en trabajo e impide satisfacer las necesidades de los pacientes, genera insatisfacción y la aparición del síndrome del quemado en los profesionales. En materia de gestión de profesionales, el sistema sanitario se encuentra en una situación insatisfactoria y que, por ello, tiene un reto de enorme importancia; para superarlo se requiere adoptar cambios y se necesita aplicar reformas basadas en un consenso amplio y con una importante dotación de recursos económicos.

Los cambios deberían implicar mejores salarios, estabilidad laboral, evaluación del desempeño con sistemas de recompensa que acaben con el café para todos, dimensionamiento adecuado de las plantillas o profesionalización de la gestión, entre otras. Se necesita determinación, valentía y capacidad de innovación por parte de todos: Ministerio de Sanidad, Consejerías de Salud de las Comunidades, sociedades científicas y de pacientes y, por supuesto, sindicatos; en todos ellos hay una responsabilidad que no deberían eludir. El futuro depende en buena medida de cómo se aborden estos asuntos.

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