La ventana
Luis Carlos Peris
La nieve y su legado
Malas son las sensaciones que la doble derrota de jueves y domingo últimos ha dejado en el Universo Betis. El tufo a poca competitividad ha vuelto a sobrevolar el nido de una entidad proclive a los dientes de sierra. Y ni siquiera el aluvión de bajas que puso de bote en bote la enfermería es motivo suficiente para la justificación de dos partidos tan decepcionantes.
Dolorosamente ese chaparrón de lesiones sirven de paliativo, pero dejando en el aire demasiadas incógnitas, sobre todo si tanta lesión no traumática es producto de la casualidad o si hay una causa que las provoque. Siempre estará en la sesera del bético aquel nefasto minuto 2 del choque con el Utrecht. El descarrilamiento que produjo las lesiones de Isco y de Amrabat no se cae de la cabeza de quienes tienen al Real Betis Balompié en su devocionario, pero ¿y tantas lesiones musculares?
Lo cierto es que tras el do de pecho ante el Villarreal, el equipo dio muy mala imagen en Salónica y en Vitoria. Está claro que son bajas de tremenda influencia en el colectivo, pero también deja con las costuras al aire a una plantilla que no tiene la debida compensación. Por supuesto que suplir a Isco sin que se resienta el grupo no es posible, pero este maremágnum de enfermería repleta ha demostrado que los titulares han dejado claro por qué lo son. Tres frentes exigen imperativamente que las bajas no se noten tan clamorosamente como se están notando en el Betis.
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