La ventana
Luis Carlos Peris
La aventura de la noche
Cuando el manto de la noche ensombrece la ciudad y se le pone punto final al acto de turno, llega la gran aventura de volver a casa. Por el camino más corto y sin hablar con nadie, tal como se recomienda la ida del nazareno al templo, la cosa se va al compás de todas las alarmas cuando te encuentras fané, descangallado y sin un taxi que te devuelva a la paz doméstica. El centro de Sevilla, tantas veces cantado como el más extenso del universo, se hace prueba de resistencia por la falta de conexiones y por la carencia de taxis. Y con las calles desiertas, el camino se hace más preocupante, con una inseguridad que te lleva a tocarte la ropa en cada paso. La peatonalización, tan criticada en sus comienzos como alabada luego, hace que el casco histórico sea como un conglomerado de islotes que se convierte en dura prueba para los que ya ni siquiera peinan canas. La noche no sólo confunde, sino que se convierte en test de resistencia y también de valentía. Incluso de valentía, qué caramba.
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