Lo que llegó de Santa Cruz
Fiesta por todo lo alto en heliópolis
Impresionante fiesta la celebrada anoche en Heliópolis por lo que el Betis, por siempre y para siempre Real Betis Balompié, consiguió bajo un sorprendente diluvio que duró más de la mitad del partido. Mucho se había cacareado en las víspera sobre los malos números de Pellegrini ante el Real Madrid, como si los empates no fuesen éxitos ante tamaño rival y la verdad es que el inicio no pintaba precisamente bien para la causa verdiblanca.
Apostó Pellegrini por el mismo equipo que inició la victoria de Getafe y nada presagiaba el feliz desenlace que luego viviríamos. Definitivamente, el Real Madrid se había adueñado de la pelota y los béticos se resignaban al triste papel de perseguir sombras. Y en una combinación excelsa y sin haberse llegado al minuto diez, Brahim culminaba dicha obra de arte. Se acumulaban negros nubarrones sobre la vertical de Heliópolis, pero no se sabía que terminarían jugando de local.
Comenzó la lluvia y se inició la aparición de un Betis corajudo y que se movía a la voz de su manijero de lujo para que el balón cambiase de propietario a fin de que aquello virase ciento ochenta grados. Empataba Cardoso a la salida de un córner, ya era el Betis quien jugaba con blancas, tuvo que surgir la egregia figura de Courtois para que al descanso no se llegase con el marcador volcado a favor y la fiesta ya era un hecho constatado, pero quedaba un mundo por delante.
Y lo que quedaba por delante tuvo nombre propio, el del Betis. Luchando como posesos por cada cahíz de yerba, yendo a cada duelo con fe de carbonero, el Betis fue a por el partido y se hizo con él. Primero apelando a esa joya que atiende por Jesús para que éste percutiera a babor para sufrimiento de Lucas Vázquez. Y de su zancada de privilegio nació el penalti que Isco convirtió para que el delirio se enseñorease de Heliópolis. Tercera victoria consecutiva y a ver dónde el techo.
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