Pedro Sánchez Pedro Sánchez

Pedro Sánchez / Juan Carlos Hidalgo / Efe

No les llega la camisa al cuerpo; donde más, en La Moncloa, pues de Junqueras depende que Sánchez pueda mantenerse al frente del Gobierno y supere la maldición de las investiduras fallidas.

También hay nervios en las sedes del PP, de Cs y de ERC e incluso del PNV, donde hay quien confiesa en las alturas que si al final gobierna Sánchez con un acuerdo de investidura con PP y Cs estarían más tranquilos que con una coalición PSOE-Podemos, ya que les inquieta la presencia de la formación morada y sobre todo sus propuestas económicas y laborales, que consideran negativas para que salgan las cuentas y para el empleo.

La Moncloa teme que se prolongue más de lo esperado la situación de nervios y no se pueda producir el calendario que barajaba Sánchez, investido antes de que acabe el año. ERC no parece tener prisa para tomar una decisión, y el pacto alcanzado entre PSOE y Podemos no es suficiente sin el voto afirmativo o la abstención de los independentistas... y Sánchez no las tiene todas consigo.

Contaba con que saldría adelante la consulta a la militancia socialista, entre otras razones porque no conocen los términos del pacto alcanzado entre Sánchez e Iglesias y por tanto nada ensombrece el proyecto Gobierno de progreso, término que al socialista no se le va de la boca aunque se formaría gracias al apoyo de partidos conservadores nacionalistas y regionales.

Hay personas en el PSOE a los que produce rechazo un Ejecutivo con Podemos, incluso que Sánchez continúe en La Moncloa, pero la mayoría de los disconformes se han limitado a la queja en privado y, en aras de mantener la unidad del socialismo, se ha cercenado la maniobra de algunos históricos que dieron pasos para redactar un manifiesto. Pretendían reivindicar los principios del partido y expresaban su contrariedad con el pacto de Sánchez. A la mayoría de los históricos les parece perjudicial un acuerdo con los independentistas y temen que Podemos imponga a Sánchez sus proyectos más extremistas, que no es sólo colocar a Iglesias de vicepresidente con dos o tres ministros podemitas.

Esa maniobra se ha cortado, pero en cambio sí ha habido socialistas de larga trayectoria –Leguina, Nicolás Redondo, José María Múgica– que se han sumado a la plataforma cívica de Manuel Valls, que quiere promover un pacto de los partidos constitucionalistas para frenar al independentismo.

Presiones externas

En el PP confiesan presiones ajenas a la política para que cooperen con Sánchez y pueda formar un Ejecutivo sin independentistas que dé estabilidad al país. Casado ha dicho que está dispuesto a estudiar la posibilidad de facilitar un Gobierno socialista con la abstención del PP, siempre que se cumplan algunas condiciones previas, la principal que en ningún caso ese Gobierno sea de coalición con Podemos; ha apartado la que anteponía a cualquier otra, que Sánchez no fuera el presidente. Sabe que no lo aceptaría el PSOE y por tanto pone el acento en que al menos hay que evitar que España tenga un Gobierno en el que participe Podemos.Ciudadanos, que empieza a recuperarse anímicamente del fracaso electoral, ha recibido ya una llamada del equipo de Sánchez para hablar próximamente del futuro Gobierno. En el entorno de la formación naranja explican que sería Arrimadas la persona que tendría la responsabilidad de acudir a esa posible reunión, que necesariamente debería ser con Sánchez, no con Carmen Calvo ni Adriana Lastra, ya que la portavoz parlamentaria ejerce como líder in pectore aunque el partido no tendrá nuevo secretario o secretaria general hasta que celebre su congreso en marzo.

En cuanto al PP, espera que no cuente Carmen Calvo con ser la interlocutora de Casado si busca Sánchez tantear la posición del partido. El interlocutor de Casado sólo puede ser Sánchez, más aún después de la descortesía de no responder a la llamada que le hizo Casado la noche electoral para felicitarle por su el resultado.

Hasta hace pocos días tanto PP como Cs coincidían en que nada podría impedir ya que Sánchez forme Gobierno. Sin embargo, desde mediados de semana, empiezan a barajar la posibilidad de que no lo logre si ERC no echa una mano. La incertidumbre alcanza también a personas del PSOE que hasta hace poco se mostraban muy seguras, pero desde La Moncloa tratan de atajar las dudas, y por tanto los nervios, transmitiendo que el presidente está muy seguro de que es posible el acuerdo. Una persona muy cercana al presidente contaba esta semana en una cena con un grupo de empresarios que el pacto con Podemos era irreversible y que Sánchez estaba convencido además de que en la segunda vuelta de la investidura conseguiría la abstención de ERC que le permitiría seguir siendo presidente. Esa es la clave: Esquerra. Los nervios están provocados porque no se sabe qué va a exigir la formación secesionista.

Cruce de apuestas

En esas exigencias tiene mucho que ver la lucha interna en el independentismo, donde ERC ha conseguido menos escaños de los previstos el pasado día 10 mientras JxCat salvaba la cara y la CUP conseguía representación en el Congreso. Hay en ciernes elecciones anticipadas en Cataluña y Puigdemont no quiere ningún acuerdo con Sánchez, se celebren o no esos comicios, pero Junqueras cree que mejor el socialista que otro; aunque exige una mesa de negociación para abordar las cuestiones que pueden permitir al independentismo alcanzar sus objetivos. ERC ha promovido una consulta a sus seguidores para que expresen su opinión sobre esa mesa negociadora, mesa de la que podría depender por tanto que haya o no acuerdo de gobernabilidad.

La fórmula de negociaciones en esa mesa es lo que hoy separa a PSOE y ERC. Éste quiere que la mesa sea Generalitat-Gobierno de España, mientras La Moncloa propone una entre partidos parlamentarios similar a la creada en la Cámara catalana, que no ha servido para nada porque Cs y PP se niegan a sentarse para tratar sobre los puntos que exigen los independentistas. La Moncloa pone el acento en que una mesa de las características que propone podría trabajar perfectamente en torno a cuestiones que encajan en la Constitución, pero a nadie se le escapa que ERC pretende abordar asuntos claramente inconstitucionales.

El nivel de confianza de PP y Cs en los principios de Sánchez es nulo, como en el sector más responsable del PSOE. No creen en su palabra ni en sus promesas y tienen motivos por las declaraciones de los últimos meses sobre Podemos y los independentistas. Esa falta de confianza provoca los nervios de su partido y también de aquellos susceptibles de colaborar para que haya Gobierno en España: PSOE, PP, Cs y ERC. Sánchez despliega una actividad frenética cerrando puntos concretos con Podemos y abriendo diálogo con los independentistas. Pero no cuenta qué le exigen, en qué ha cedido, en qué está dispuesto a ceder y qué es inaceptable para él.

En este punto, se cruzan apuestas sobre si habrá Gobierno PSOE-Podemos con apoyo de ERC, si Ejecutivo del PSOE con respaldo de PP y Cs... o se va a una tercera consulta que nadie quiere.

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