Análisis

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Más intriga política que en una serie televisivaMás intriga política que en una serie televisiva

Cómo estará la política española si en la noche del viernes uno duda entre ver una serie de Netflix de gran intensidad o los informativos de televisión con las traiciones y escaramuzas de la semana! Los últimos días no han tenido desperdicio. Moción de censura por sorpresa en Murcia, anunciada por Cs y PSOE, para derribar al Gobierno del PP; además con efecto espejo en el Ayuntamiento de la capital. Noche intensa la que siguió a esa doble bomba. Misteriosas conversaciones con algunos firmantes de la propuesta que buscaban derrocar al poder del PP, imbatible allí durante un cuarto de siglo. Pero hubo más: al despertar, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid, anunciaba elecciones anticipadas y al tiempo -los tribunales dirán quién entró primero en meta- se presentaban dos mociones de censura. Para no ser menos, en Castilla y León, moción contra el presidente Mañueco del PP, apoyado por Ciudadanos. Una cadena de terremotos inesperados.

Cuando tratábamos de reponernos de esa locura informativa, nuevo vuelco en Murcia: tres de los firmantes de la moción de censura "milagrosamente" se "arrepintieron". ¡Ay, aquella noche! El presidente López Miras, que por unas horas estuvo liquidado en las noticias, los nombró consejeros de su Gobierno. "Se han vendido por 79.000 euros anuales y un coche con chófer en la puerta", acusó la diputada de Cs que se veía presidenta. Habrá que dar órdenes muy claras a esos conductores porque, con tanto sobresalto, igual se lían y transportan a un tránsfuga en vez de a un consejero, habida cuenta que algunos políticos tienen esa doble condición.

En ese barullo, hay quien no se resignaba a perder protagonismo. Por ejemplo, el líder de Vox, Santiago Abascal, que apareció en Murcia en loor de multitudes.

Tampoco quedó fuera de foco el independentismo: Laura Borràs fue elegida presidenta del Parlament. Hay 135 diputados, pero escogieron a la que tiene una causa pendiente de investigación por supuesta corrupción, al favorecer con adjudicaciones públicas a un amigo. Esa elección -que rechazaban otros diputados- garantiza emociones a medio plazo. Hay que ser previsores y facilitar oportunidades para seguir con la trama narrativa de la represión estatal.

Estos culebrones antes eran casi patrimonio de la política italiana. En Europa se acuñó el término despectivo de repúblicas bananeras en alusión al Caribe y Centroamérica. Así se acreditó durante décadas el desprestigio de tantos líderes. Más humildad, porque esto está pasando en España. Pero, miren por dónde, Italia ha emprendido otra senda y ahora recupera pesos pesados: Mario Draghi, ex gobernador del Banco Europeo, para dirigir el Gobierno y Enrico Letta, ex primer ministro, para liderar el Partido Democrático. Gran nivel.

Por fortuna, esos informativos que en la política del enredo compiten con series, también traían la buena nueva de los 11.000 millones en ayudas para autónomos y pymes golpeados por el Covid. Estos fondos pueden salvar del cierre a miles de empresas, si se distribuyen rápidamente. "Si tardan, todos muertos", avisa un hostelero de Baleares. Jugamos contrarreloj. Pero informativamente no tiene color: es la crónica discreta de la reconstrucción económica, compitiendo con el thriller de la política alocada. Aviso: esta semana llegan nuevos capítulos.

CÓMO estará la política española si en la noche del viernes uno duda entre ver una serie de Netflix de gran intensidad o los informativos de televisión con las traiciones y escaramuzas de la semana! Los últimos días no han tenido desperdicio. Moción de censura por sorpresa en Murcia, anunciada por Cs y PSOE, para derribar al Gobierno del PP; además con efecto espejo en el Ayuntamiento de la capital. Noche intensa la que siguió a esa doble bomba. Misteriosas conversaciones con algunos firmantes de la propuesta que buscaban derrocar al poder del PP, imbatible allí durante un cuarto de siglo. Pero hubo más: al despertar, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid, anunciaba elecciones anticipadas y al tiempo -los tribunales dirán quién entró primero en meta- se presentaban dos mociones de censura. Para no ser menos, en Castilla y León, moción contra el presidente Mañueco del PP, apoyado por Ciudadanos. Una cadena de terremotos inesperados.

Cuando tratábamos de reponernos de esa locura informativa, nuevo vuelco en Murcia: tres de los firmantes de la moción de censura "milagrosamente" se "arrepintieron". ¡Ay, aquella noche! El presidente López Miras, que por unas horas estuvo liquidado en las noticias, los nombró consejeros de su Gobierno. "Se han vendido por 79.000 euros anuales y un coche con chófer en la puerta", acusó la diputada de Cs que se veía presidenta. Habrá que dar órdenes muy claras a esos conductores porque, con tanto sobresalto, igual se lían y transportan a un tránsfuga en vez de a un consejero, habida cuenta que algunos políticos tienen esa doble condición.

En ese barullo, hay quien no se resignaba a perder protagonismo. Por ejemplo, el líder de Vox, Santiago Abascal, que apareció en Murcia en loor de multitudes.

Tampoco quedó fuera de foco el independentismo: Laura Borràs fue elegida presidenta del Parlament. Hay 135 diputados, pero escogieron a la que tiene una causa pendiente de investigación por supuesta corrupción, al favorecer con adjudicaciones públicas a un amigo. Esa elección -que rechazaban otros diputados- garantiza emociones a medio plazo. Hay que ser previsores y facilitar oportunidades para seguir con la trama narrativa de la represión estatal.

Estos culebrones antes eran casi patrimonio de la política italiana. En Europa se acuñó el término despectivo de repúblicas bananeras en alusión al Caribe y Centroamérica. Así se acreditó durante décadas el desprestigio de tantos líderes. Más humildad, porque esto está pasando en España. Pero, miren por dónde, Italia ha emprendido otra senda y ahora recupera pesos pesados: Mario Draghi, ex gobernador del Banco Europeo, para dirigir el Gobierno y Enrico Letta, ex primer ministro, para liderar el Partido Democrático. Gran nivel.

Por fortuna, esos informativos que en la política del enredo compiten con series, también traían la buena nueva de los 11.000 millones en ayudas para autónomos y pymes golpeados por el Covid. Estos fondos pueden salvar del cierre a miles de empresas, si se distribuyen rápidamente. "Si tardan, todos muertos", avisa un hostelero de Baleares. Jugamos contrarreloj. Pero informativamente no tiene color: es la crónica discreta de la reconstrucción económica, compitiendo con el thriller de la política alocada. Aviso: esta semana llegan nuevos capítulos.

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