El parqué
Nuevo máximo del IBEX 35
Colgado del larguero y apelando al otro fútbol es como el Sevilla rentabilizó el testarazo a la red de García Pascual, que inauguraba de esa manera su papel de goleador del primer equipo. Un gol de oro y brillantes que evita la pesadilla de un final de Liga de infarto y que debe servir para que se haga sereno balance con el que corregir la catarata de incongruencias de una dirigencia que, en condiciones normales, debería estar amortizada.
Ganó el Sevilla y eso es lo que importa, pues a estas alturas de la vida y con el pozo delante de sus barbas, sólo cabía la victoria sin pararse a analizar el método, que ya se sabe que en estas condiciones, el fin suele justificar los medios. Y así discurrió todo a partir del gol, pero hasta ahí fue el clásico partido en el que las urgencias fueron las indiscutibles protagonistas de cuanto ocurría. Era una copia fidedigna de cualquier partido del Sevilla en este curso tan para el olvido.
Con más ganas que fútbol y mostrándose un punto superior a su rival, el duelo entre agónicos iba discurriendo a pelotazo limpio. No había quien la echase al suelo y todo era un juego pretendidamente directo, pero sin nada que ver con lo que se pide en Primera División. El Sevilla seguía queriendo llegar por la línea recta y son muchas las veces en que esa línea es la distancia más larga. A todo esto, Las Palmas también justificaba con creces por qué está casi descendido.
En la segunda parte llegó muy pronto el providencial gol de García Pascual y la decoración pasó a la intentona de que el crono corriese a más velocidad que el balón. Hubo un lance que deja un mar de dudas y es el gol anulado a Las Palmas por presunta falta a Nyland. Ya sólo importaba atesorar el gol y eso se consiguió. Pasando las grandes duquelas, pero se consiguió, el fantasma del descenso ya es un mal sueño y a ver si se saca alguna enseñanza de lo ocurrido.
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