Ayer les solté a mis alumnos un aviso en latín. Así, de pronto, y fíjate... se enteraron de lo que el profesor quería decirles. Era una frase hecha, y la pillaron al vuelo. Ojalá pudiéramos decir que ya no nos da miedo el latín. Todavía hay personas que, cuando saben que en una ceremonia hay una parte hablada en latín, hacen mutis por el foro. El latín no tiene corazoncitos en Instagram, ni dedos pulgares en Facebook, pero toda Sevilla, parte del extranjero y múltiples Consejos Locales de Cofradías han optado este año por ponerle a las exposiciones de enseres un nombre en latín.

No tengo aquí sitio para referir cada uno de ellos. Son títulos bien elegidos, por personas sensatas, con conocimiento y criterio, que dichos en la boca del pueblo quedan bien y la gente se los aprende. Ya tuvimos en Sevilla en 1992 Splendores, pero pusimos la E por delante porque en aquel tiempo lo que se llevaba era ser internacional. Este año En nombre de Dios ha conseguido llamar la atención de todos, debiendo recibir el Consejo nuestra felicitación por haber librado la muy difícil batalla de conciliar el espacio y el share de pantalla dentro de la gran manzana cultural de Cajasol en la Plaza de San Francisco y calles adyacentes. Los Esplendores de la Expo y su hija In nomine Dei, nacida en 2021: en latín y en castellano, las dos, suenan estupendamente.

A los sevillanos no les da miedo la lengua de Julio César. Los sevillanos no se asustan con el latín de la calle. Lo manejan bien, lo aprenden con el Senatus. La gente de la calle Feria suben al Omnium Sanctorum, los vecinos de mi barrio del alma compran en el chino de la calle Regina. El latín está por todas partes. Pero algunos timoratos, depende para lo que lo usemos, lo ponen de parapeto para no estar, para no salir, para no cumplir lo que prometieron. No tengamos miedo al latín, que es nuestra raíz y nuestra historia, ¿vale?

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