Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Felipe González duró 15 meses

El PSOE andaluz no saldrá de su estado de shock mientras no asuma la culpa y cambie a su dirección, le ocurrió a Rajoy tras la Gürtel y le pasó al socialista sevillano 

Susana Díaz muestra unos papeles este jueves en el Parlamento. Susana Díaz muestra unos papeles este jueves en el Parlamento.

Susana Díaz muestra unos papeles este jueves en el Parlamento. / Julio Muñoz/EFE

Desprestigiado por una cadena de casos de corrupción, Jordi Pujol dejó caer al último Gobierno socialista de Felipe González. Sin el apoyo de los convergentes en el Congreso, el presidente convocó elecciones para el 3 de marzo de 1996, las perdió, aunque por poco, y 15 meses después, en junio de 1997, anunció que dejaba la secretaría general del PSOE. Dos por el precio de uno, había escrito Ramón Vargas-Machuca unos días antes para recomendar que González acompañase a Alfonso Guerra en la retirada de la dirección federal. 

Así fue, la presencia de Felipe González en el Congreso se hizo insoportable, porque la mejor defensa del nuevo Gobierno de José María Aznar era el triste final de quien fuese presidente desde 1982. Hubo quien quiso hacer de aquello, de esa sucesión de casos de corrupción, no el epílogo de los mandatos socialistas, sino el epitafio de un partido. 

Los parlamentarios socialistas de la Cámara andaluza se encuentran en el mismo estado de shock que aquellos diputados de mediados de los años noventa. A cada crítica a Aznar, se le respondía con Ibercorp, los GAL, Barrionuevo, el fraude del BOE, Filesa, un rosario de casos judiciales que habían sido catapultados por una conspiración que Luis María Ansón confesó años después: es verdad, explicó, que se puso en riesgo la estabilidad del Estado, pero no había otro modo de echarlo. Todos y cada uno de aquellos casos fueron ciertos, tan reales como que se fugó el director general de la Guardia Civil, pero la conjura de los actores existió.

El portavoz del Gobierno andaluz, Elías Bendodo, advirtió el miércoles pasado a la bancada socialista, de la que se había ausentado Susana Díaz, que había caso ERE para dos legislaturas. Dos, y es que aún restan por juzgar las piezas separadas, las demandas civiles para recuperar fondos y la gasolina que queda en el motor de quienes llegaron a la conclusión de que los juzgados eran el único campo donde se podía acabar con eso que llaman régimen. No es el Gobierno actual, pero sí es notorio que los impulsores de las denuncias presentadas desde el PP han mantenido tanto silencio como Pedro Sánchez una vez conocida una sentencia que ha dejado a muchos callados por la gravedad de las penas. 

Hay quien desea que el epílogo de los mandatos socialistas sea, en realidad, el epitafio de un partido

El PSOE andaluz no saldrá de este estado catatónico mientras no asuma la culpa. Buena parte del caso de los ERE, que es judicial y es político, se explica porque los dirigentes socialistas intentaron salvarse cerrando la falsa compuerta del pasado. Griñán dejó a atrás a Chaves, Susana Díaz a Griñán y Pedro Sánchez a Susana Díaz. Caiga quien caiga, y cayeron todos. Desde la Consejería de Empleo se ideó un sistema laxo para eludir la intervención, que se convirtió en norma, que se corrompió y que terminó por contaminar a las consejerías con las que necesariamente tuvo contacto: Innovación y Hacienda. Y "por lógica", que diría el ponente de la sentencia porque carece de otros argumentos materiales, a Presidencia y al Consejo de Gobierno.

Esta guinda final, la de Manuel Chaves, es la que cierra el relato del régimen de paniaguados, sin que aún logre explicarse por qué el PSOE ganó las dos últimas elecciones generales en Andalucía. 

Mientras no se asuma esta culpa, lo que conlleva el perdón y el propósito de enmienda, el PSOE andaluz no saldrá de ese estado. Es imposible. Aunque la voluntad sea de hierro, la oposición con Susana Díaz al frente se les hará imposible, porque será Juanma Moreno quien ejerza de martillo en el Parlamento, una y otra vez, durante dos legislaturas. Cuando el PSOE perdió la Junta en diciembre pasado, pidió la regeneración del partido en Andalucía, y casi le matan desde el sur, pero su análisis era el sensato, fue el mismo que llevó a Mariano Rajoy a retirarse después del Gobierno para liberar a una nueva dirección del caso Gürtel. 

Nadie sabe en el PSOE andaluz quién será su Pablo Casado. O su Joaquín Almunia, creer que recuperarán el poder es una nueva ensoñación. 

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