Análisis

Alfredo J. Martínez González

Profesor de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Sevilla

Los orígenes de la vinculación entre la tuna y la Inmaculada

El autor repasa la historia de la estudiantinas de Sevilla y los cantos al pie de la Purísima

Bendición de la bandera de la tuna. Bendición de la bandera de la tuna.

Bendición de la bandera de la tuna. / M. G.

"A la Pura, y sin mancilla,que la luna sus pies baña,grandes fiestas hará España,pero no como en Sevilla".(Copla anónima del s. XVII)

Son estos cuatro versos custodiados el Archivo Catedralicio un perfecto reflejo de la vinculación entre el dogma inmaculista de una ciudad en la que sus vecinos desde hace siglos vienen participando en su festividad. No obstante, nos hallamos en una urbe en la que constantemente se entrelaza la historia real con mitos dudosos, considerados ciertos por gran parte de los sevillanos a pesar de vivir en una Sevilla que no precisa adornarse de datos equívocos para fascinar a propios y extraños. Un claro ejemplo de ello sucede con la celebración de la Inmaculada que, como hace pocos días escribió en este diario José Joaquín León, "tiene su propio ritual costumbrista" y dentro de tales actos se encuentra la conocida como "Noche de las Tunas", que siempre ha empezado tras el repique de campanas de nuestra Torre Mayor anunciando lo que desde 1615 comenzó a proclamar la Hermandad del Silencio como pionera del dogma. Dos años después, en 1617, serían los propios estudiantes de la Universidad, vistiendo su hábito colegial o manteísta, quienes llevaron a cabo festejos con instrumentos musicales dividiéndose en seis cuadrillas correspondientes a las Facultades de Medicina, Teología, Gramática, Filosofía, Leyes y Cánones, siendo este episodio el antecedente más remoto que vincula la tradición musical universitaria hispalense con la veneración a la advocación inmaculista.

Sin embargo, la configuración actual de los cantos de las Estudiantinas bajo la escultura concepcionista hunde sus raíces en un momento más reciente, más humilde y que ni siquiera fue iniciado por ninguna Tuna. El mérito de sus comienzos se debió a un grupo de jóvenes de la congregación de Los Luises, quienes tuvieron la ocurrencia de acudir al mejor cahíz de tierra de España y "llegados a la Plaza, enteramente desierta a aquellas horas, en cuanto sonó la última campanada de las doce, junto al pie del monumento, frente al preciosa imagen de la Purísima que se eleva en el espacio, obra inspiradísima de Collaut Valera, cantaron la Salve gregoriana y las coplas de Miguel Cid" (El Correo de Andalucía, 5-XII-1945, p. 5). Ese y no otro fue el punto de partida de una tradición a la que paulatinamente fue añadiéndose la ciudadanía de modo espontáneo, siempre tras las doce de la noche, y a la que en la década de los años 50 se añadió la Tuna Universitaria de Sevilla (T.U.S.). Y lo hizo inicialmente como una agrupación más entre todas las que acudían a la plaza del Triunfo.

La tuna en el instituto Murillo en 1955. La tuna en el instituto Murillo en 1955.

La tuna en el instituto Murillo en 1955. / M. G.

Poco antes había surgido aquella T.U.S. como la primera tuna hispalense tras la Guerra Civil. Fundada en febrero de 1951 con pleno apoyo del Rectorado, se congregaba todos los fines de semana en la plaza de Santa Marta para recorrer las calles sevillanas rondando balcones y ventanas. Ha de destacarse que sus componentes se dedicaron con su ejemplo a desmontar el falso tópico que concibe a los tunos como nefastos estudiantes y entre sus filas se encontraron futuros catedráticos de Universidad, como Luis Navarro; diplomáticos, tal es el caso de José Antonio de Yturriaga; juristas de reconocido prestigio, como Juan Mora, Mariano Ostos o Javier Colomer; catedráticos de Conservatorio, destacando Fernando España; médicos de renombre, entre ellos Isidoro Sánchez-Mira y José Luis Serrera; presidentes de colegios profesionales entre los que destacó Manuel Tarascó; empresarios inmobiliarios como Narciso Flores; etcétera.

Así las cosas, fue aquella tuna la que comenzó a rondar a partir de las doce de cada 8 de diciembre en la Plaza del Triunfo. Ello sucedió en 1955 según testimonian algunos de sus componentes que aún viven y de cuyos cantos y ofrenda floral bajo la Inmaculada dispongo de constancia documental desde 1957, en un año que resultó clave para la supervivencia de aquella Estudiantina pues por problemas con el Sindicato Español Universitario (S.E.U.) ya se encontraba en periodo de progresivo acogimiento en la Facultad de Medicina convirtiéndose en la tuna de aquel centro. Más tarde se unirían a la tradición la Tuna de Peritos Industriales, fundada en 1959, y la de Derecho en 1961.

Afortunadamente, en las últimas ediciones algunos de aquellos integrantes de la T.U.S. han vuelto a rondar y revivir sus años de juventud en la Plaza del Triunfo junto a Medicina, como heredera de su antigua tuna. Tal fue el caso del tuno más longevo de Sevilla, D. José Manuel Cuadrado Montes, quien con sus 88 años protagonizó el momento entrañable en la pasada edición.

Nuevamente esta noche los herederos de la T.U.S. volveremos a rondar a la Inmaculada y homenajear a aquellos antiguos integrantes de aquella Tuna Universitaria, algunos de los cuales volverán a rondar como lo hicieron hace más de seis décadas. Es de justicia rescatarlos del olvido y ello tendrá lugar siempre a partir de las doce de la madrugada tras el repique de campanas de la Giralda, como la tradición marca desde 1927.

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