El parqué
Rojo generalizado
Números que no salen en este Sevilla que camina bajo la batuta de Matías Almeyda. Aquellos brotes verdes de cuando el triunfo en Vallecas sobre la campana última y la goleada al Barça que hizo soñar al sevillismo, los números no terminan de salir. Es más y no es que no salgan, es que rozan la catástrofe.
Pensábamos que entre el pragmatismo de Antonio Cordón y la energía de Almeyda, el Sevilla iba a funcionar. Las sensaciones fueron muy buenas hasta que dejaron de serlo. Aliado con la fortuna de su mano logró tres triunfos en sus visitas a Gerona, Vallecas y Vitoria, lo que sumado al alegrón del 4-1 al Barça hicieron pensar en cotas más altas que esa permanencia convertida en objetivo habitual desde aquel título en Budapest bajo las órdenes de Mendilibar.
Pero el viento viró y ahí nos damos de cara con un equipo mediocre en grado sumo que ofrecía una imagen patética en el derbi. Pero la vida sigue y bajar los brazos a estas alturas de curso sería como jugar a una ruleta rusa con el cargador repleto. El futuro a corto plazo se fía a mediados del puente en Mestalla, pero esta noche llega otra obligación.
La realidad dice que los números del Sevilla de Almeyda son similares a aquellos, tan nefastos, del Sevilla de Camacho en el banquillo y el propio Almeyda en la yerba. Esperemos que las aguas vuelvan a encauzarse y hoy en Almendralejo puede haber lágrimas recordando a José Antonio Reyes, conque vista larga y paso corto, no cabe otra.
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