La esquina

josé / aguilar

Adoctrinados desde la escuela

UN informe confidencial de la Guardia Civil ha recogido dos datos inquietantes: casi uno de cada cuatro profesores del modelo educativo que se imparte sólo en euskera en Navarra está relacionado con ETA, y en un solo instituto de Pamplona ha estudiado la quinta parte de los etarras detenidos en la comunidad foral en los últimos años.

Inquietan porque son un reflejo de la infiltración del pensamiento abertzale, es decir, proterrorista, en la enseñanza media de un territorio de mayoría constitucionalista (¿qué pasará en Guipúzcoa, por ejemplo?). Quiere ello decir que los batasunos han comprendido que su fortaleza tenía que venir de la siembra temprana de la ideología totalitaria que defienden, y se han puesto a ello, trabajándose a la adolescencia, cuando la clientela está más inerme y es más vulnerable al idealismo, las ensoñaciones y las utopías que acaban en pesadilla.

Sin violencia de por medio, algo parecido ocurre en Cataluña. Con frecuencia nos preguntamos cómo ha sido posible que el pragmático nacionalismo catalán haya derivado en independentismo radical en apenas cinco años. Hoy son mayoría, aunque exigua, los catalanes favorables a la separación de España, la calle ya es suya y el ansia de secesión resiste a todas las reflexiones y consideraciones políticas y económicas.

Yo creo que eso obedece a una inducción tenaz, prolongada e intensa a cargo de la clase política al frente de las instituciones catalanas. Desplegando abiertamente el arsenal de un sistema educativo adoctrinador y sectario, y acompañado de una poderosa red de comunicación puesta al servicio de su ideología, han conseguido la eclosión de unas generaciones que han sido formadas en la victimización de Cataluña y la animadversión a España.

Es de este modo como el detestable nacionalismo de los ricos se ha asentado en la sociedad catalana con tanto arraigo que la propia burguesía catalanista y su partido de toda la vida (Convergència i Unió) se ha visto desbordada por el movimiento popular hacia la soberanía. Abrieron la caja de Pandora y ahora comienzan a comprender que no pueden volver a cerrarla por la oposición frontal y combativa de millones de ciudadanos a los que ellos mismos enseñaron una sola forma de ser catalanes.

Sembraron vientos y recogen tempestades. Y no lo hicieron por casualidad ni accidente. Planearon que sus hijos y sus nietos pensaran así. Con éxito: así piensan. Por eso tenemos un problema tan grave.

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