Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Lo han dejado solo. Fueron muriendo una serie de gigantes nacidos en 1926, el año de Marilyn y Di Stéfano. De los más longevos, cayeron casi a la par, más que nonagenarios, Caballero Bonald, Clavero Arévalo y Alfonso Sastre. Finalmente se avino a acompañarles en el barco de Caronte la reina Isabel II de Inglaterra. De toda esta quinta de celebridades uno de los pocos que sobrevive es Mariano Ozores. Llegó a dirigir casi cien películas. El título de sus Memorias es un dardo a la crítica. Las tituló Respetable público.
Tuvo muchísimo éxito como director. Y algunos fracasos. Uno de los más sonados, la película La hora incógnita, pese al presupuesto y a un cartel estelar encabezado por Fernando Rey, con sus hermanos José Luis y Antonio Ozores también en el reparto. "El público no quiso ir a verla", escribe Mariano Ozores. Y hace una reflexión muy curiosa: "En aquellos tiempos, con Franco como jefe del Estado, para ser protegido por la Administración había que ser declaradamente de izquierdas".
Hoy día es la Administración la que es "declaradamente de izquierdas", pero el rol del cine no ha cambiado en su estatus, en su percepción social e ideológica. Estamos en año de campañas y estrenos electorales y el gremio empieza a calentar motores para que todo esté a punto en la inminente gala de los Goya. A modo de preludio, hemos escuchado las palabras del actor Antonio de la Torre en el bochornoso espectáculo de la Universidad Complutense de Madrid y las del cineasta Pedro Almodóvar en la gala de entrega de los premios Feroz. Los destinos de uno y otro se unieron en la película Volver, que estuvo nominada para los Oscar. No hay disonancia con el poder, lo cual en el mundo de la cultura es un poco decepcionante, y sí hay consonancia y resonancia. En la gala cinematográfica, en una mesa bien visible, compartían aplausos, sonrisas y mantel dos ministros, la de Trabajo, Yolanda Díaz, y el de Cultura, Miquel Iceta. La Cultura y el Trabajo, esa alianza sesentayochista del Pecé para digerir el mayo francés y la primavera de Praga y abrirle las puertas al eurocomunismo.
La monserga es un mal guion y los mítines son para los políticos, esos actores circunstanciales, y no para la gente del cine, convertidos en unos nuevos predicadores frente a los capitalistas despiadados y otros hombres sin piedad. No es que Mariano Ozores hubiera descubierto la pólvora, porque se supone que la cultura siempre tiene que ir contra corriente, aunque sea la coartada que la gente de derechas tiene para parecer de izquierdas.
El cine español goza de una extraordinaria salud… pública y privada, porque este disfrute no deja de ser un esparcimiento que se vive en la intimidad del claroscuro. El cine español corre el riesgo de abrir brechas en el público si se convierte en un sucedáneo de hemiciclo. No vayamos a terminar dándole la razón a Billy Wilder en frase que Fernando Trueba recogía en su Diccionario de Cine: "Cuanto menos trato con actores, más feliz soy". A Ozores ni lo menciona en su Diccionario. Debería ir detrás de Oscar por orden alfabético. Yo hice a Roque III. Dos bingueros y un destino.
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