Anécdota negra

30 de marzo 2012 - 01:00

EL dueño del pequeño bar quiso abrir ayer por la mañana. No era una gran o mediana empresa que pudiera forzar a sus empleados, sino un modesto negocio que no podía ni quería perder los ingresos de un día. Si no hubiera querido abrir, nadie habría podido obligarle a hacerlo. Quiso, en cambio, abrir. Y hubo quienes quisieron obligarle a cerrar. Un piquete negro -tipos encapuchados vestidos de negro que agitaban banderas negras- se situó frente al bar gritando consignas. Entre ellas una muy realista para salir de la crisis: "¡Huelga general indefinida!".

Afortunadamente para el propietario y sus clientes acudieron unos cuantos policías nacionales que se interpusieron entre el piquete y el bar. Los manifestantes les dijeron de todo. Una dama de negro les berreaba a los policías que el trabajador del bar tenía derecho a conocer los motivos de la huelga. Era evidente que el trabajador lo sabía todo acerca de la crisis, que pesa sobre sus hombros, de las duras medidas (acertadas o no acertadas: ya se verá) tomadas para afrontarla, que también pesan y pesarán aún más sobre sus hombros. Y sabía algo mucho más importante: que una democracia garantiza el derecho a la huelga y el derecho al trabajo de quien no quiera secundarla.

Puede recaer sobre algunas grandes corporaciones la sospecha de presionar a sus trabajadores para que acudan al puesto de trabajo. Pero no sobre los pequeños negocios en los que el único empleado es su propietario. Si incluso en el primer caso la violencia es injustificada, en el segundo se dirige directamente contra el más débil, contra el trabajador. Salvar al trabajador a costa de escalabrarlo ha sido y es frecuente en la izquierda radical. En este caso, además, los vociferantes tipos de negro tenían toda la pinta de no haber dado palo al agua en su vida. Sólo quien no trabaja ni quiere hacerlo puede enmascararse para gritar lo de la huelga general indefinida.

Los sindicalistas y militantes de izquierda serios, que los hay, harían bien en distanciarse de estos tipos que no son más que gamberros con pretexto político. Entre ellos y los sindicalistas, comunistas o socialistas responsablemente comprometidos con los derechos de los trabajadores media la misma distancia que entre la derecha democrática y los cabeza rapada.

Por eso no comprendo que UGT criticara ayer la "excesiva presencia policial y concentración de personal antidisturbios". Porque no afecta a los piquetes que sólo sean informativos y previene las actuaciones violentas que deben repugnar a un ugetista. El más grave error que podría cometer la izquierda sindical o política sería identificarse con los gamberros y los violentos.

stats