¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
El poeta nace en el célebre palacio sevillano de Las Dueñas, en el cual su familia vivía en régimen de arrendamiento, y allí vería la luz, un patio, una fuente y el huerto claro donde madura el limonero... Sus primeros ocho años, antes del traslado a Madrid, suponen su única permanencia en la ciudad hispalense, siendo recordados gratamente en sentidas composiciones poéticas: "Esta luz de Sevilla... Es el palacio/ donde nací, con su rumor de fuente./ Mi padre, en su despacho.-La alta frente, / la breve mosca, y el bigote lacio -". Tímido, reservado, tiene a su hermano Manuel como sólido apoyo y valedor en los cenáculos literarios madrileños y parisinos; menosprecia lo superfluo y lo fingido: "Desdeño las romanzas de los tenores huecos/ y el coro de los grillos que cantan a la luna./ A distinguir me paro las voces de los ecos,/ y escucho solamente, entre las voces, una".
Antonio se traslada a Soria como catedrático de instituto superando la treintena, donde conoce y contrae matrimonio con Leonor Izquierdo, una mujer muy joven que sería su soporte en una ciudad de provincias que le separa de la familia y del núcleo central de amigos y escritores. Al poco de fallecer la esposa en 1912, desesperado, sale hacia Madrid; nunca retornará al páramo soriano para visitar la tumba de su amada. Meses más tarde, marcha hacia Baeza acompañado de su madre, donde pasa cinco largos años; desde allí, escribe a su amigo Juan Ramón Jiménez: "Llevo ocho años de vida de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse a sí mismo". Tras varios cursos en Segovia, accede finalmente a una plaza en su añorada Madrid, epicentro entonces de una crispada España. Regresaría a Sevilla un solo día, a la vuelta de un viaje al Puerto de Santa María, sin que se le permita el acceso al interior de Las Dueñas... "Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara, casi de primavera, / tarde sin flores,/.../ En el ambiente de la tarde flota/ ese aroma de ausencia,/ que dice al alma luminosa: nunca,/ y al corazón espera./.../ Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,/ casi de primavera".
Su sobrina Leonor rememora: "Antonio tenía el aspecto de ir por el mundo sin verlo, distraído como consecuencia de abstraído". A pesar de su proverbial embeleso, se implicaría de forma decidida en la defensa de las libertades en épocas convulsas, promoviendo un socialismo de raíz cristiana basado en la fraternidad evangélica; y manifiesta a través de su Juan de Mairena: "Cuando el Cristo vuelva, predicará el orgullo a los humildes, como ayer predicaba la humildad a los poderosos".
Expresa en reiteradas ocasiones la ilusión de regresar a tierras castellanas durante los obligados años del exilio, quedando incluso reflejado en una carta escrita por su hermano José en Collioure dos días después de la muerte. Empero, quizá su alma libre volara hasta Sevilla en los últimos momentos y plasmara sobre el papel en un postrer aliento: "Estos días azules y este sol de la infancia...".
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