¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La nueva muerte de Pemán
Corpus en el horizonte y ya la luz de Sevilla tiene la tonalidad del verano, sobre todo cuando llega tamizada por esas velas que ya colocaron en el centro. Cada estación tiene su luz y si son inconfundibles los atardeceres de otoño sobre la fachada de San Telmo, reconforta por el casco histórico esa luminosidad del estío bajo la sordina de los toldos. Ya puede atravesarse el eje norte-sur que va de Campana a la Plaza Nueva bajo el efecto benéfico de unos toldos que sólo tienen un inconveniente, el del efecto invernadero. Bien está el toldo cuando el sol reina en todo lo alto, pero impide que nos llegue con todo su vigor el frescor de la mareíta nocturna. ¿Sería, quizá, mucho pedir que fuesen toldos de quita y pon y que actúen tan sólo de día para darnos esa sombra que nos trae la inconfundible luz del verano en Sevilla?
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