Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
Llega otro año más el veranillo de San Miguel. Conviene descifrarlo más allá de su atmosférico pormenor. A cierta edad sabemos que cumplir años es la única suma cuyo resultado es siempre una resta. Se envejece sumando restas, mientras lo desconocido va obrando su trabajo en la rugosa faz. Bacon nos invitaba a contemplar el trámite con gran jolgorio: “Mira como trabaja la muerte en mi cara”. Dicho esto, no esté triste ni mohíno el cincuentón. Y mucho menos el sesentón.
Disculparán la transgresión. Pero hablo en modo empoderamiento masculino porque leo en la prensa amiga que gracias al último grito en estética los sesenta años en los hombres son los nuevos cuarenta. La erótica madura de Peter Pan se logra ahora con buenos chutes de ácido hialurónico, colágeno y suero vitamínico. El dejo de la edad sobre el rostro recula increíblemente gracias a milagros faciales como la sueroterapia molecular (vitaminas, minerales, aminoácidos, sulfato de magnesio, glutatión y precursores de azufre). Quiere decirse que con algo de suerte genética y suficientes posibles usted puede convertirse en un precioso Brad Pitt (59 años). Se hizo viral su museístico rostro en las gradas del último Wimbledon.
Quien dice Brad Pitt dice también Obama o sesentones guapos pero nada fósiles como Tom Cruise, Rob Lowe o John Stamos. Milmillonarios y reacios a tomar la barca de Caronte se convierten hoy en atletas profesionales del rejuvenecimiento. Es el caso de Bryan Johnson, rico estadounidense de 45 años y cobaya en lucha contra la devastación celular. El tipo ha retrocedido ya cinco años biológicos y aspira llegar a los 18 años ayudado por el gurú Oliver Zolman (asegura tener erecciones adolescentes y la capacidad pulmonar de un preuniversitario). ¿Es el fin de los grupos etarios? Hay expertos que ya auguran que se impondrá una zona valle y estable en el tiempo de la piel de los varones. Quien se lo pueda permitir rondará visiblemente la edad estándar de los 40 años.
Digo todo esto porque, como informó aquí Gonzalo Gragera, se celebró en Mairena del Aljarafe el Cabaret Festival y su espectáculo Yo fui a la EGB. Fue todo un despiporre de nostalgia y puretismo cincuentón. Los hits musicales de antaño propiciaron un revolcón de vuelta al bebercio de la juventud. La música da vida al cuerpo y aligera los grumos mentales. Uno rejuvenece por dentro. Pero hoy además, gracias al avance en estética, el habitante del medio siglo podrá presumir de unos lustrosos cuarenta, incluso treinta años. Alzo mi cóctel con colágeno. Está por ver aún que se puedan revertir o diluir traumas y fracasos.
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