Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
Edad de oro del espíritu. El año en que se esculpió, Teresa de Jesús fundaba en Sevilla, el año siguiente Juan de la Cruz era recluido por sus hermanos calzados en Medina del Campo y tres años después afrontó una más larga, cruel y fraterna reclusión de la que escapó llevándose consigo un cuaderno con los primeros apuntes del Cántico espiritual. Cuando se esculpió Fray Luis de León, también encarcelado, en su caso por iniciativa inquisitorial de los dominicos, escribía De los nombres de Cristo. Cuando se esculpió hacía siete años que Fray Luis de Granada había publicado las nuevas ediciones revisadas del Libro de oración y meditación y la Guía de pecadores, y trabajaba en la Introducción al Símbolo de la Fe. Cuando se esculpió hacía 30 años que los jesuitas habían llegado a Sevilla y se estaba construyendo su Casa Profesa en la calle de la Plata, hoy Laraña. Cuando se esculpió hacía 11 años de la finalización del Concilio de Trento y 10 de la publicación de la cédula por la que Felipe II “como rey obediente y verdadero hijo de la Iglesia (…) aceptamos y recibimos el dicho sacrosanto concilio y queremos que en nuestros reinos sea guardado, cumplido y ejecutado”.
Víspera de la edad de oro de la imaginería. Cuando se esculpió nacía la escuela sevillana de imaginería, habían muerto Torrigiano y Roque de Balduque, el segundo el mismo año en el que llegaron a Sevilla su escultor, Juan Bautista Vázquez el Viejo, con su hijo y su discípulo Jerónimo Hernández. Cuando se esculpió faltaba un año para que Marcos Cabrera moldeara el Cristo de la Expiración, hacía un año que Andrés de Ocampo había sido aprobado como escultor, entallador y arquitecto, Martínez Montañés tenía seis años y faltaban cinco para que naciera Francisco de Ocampo y nueve para que lo hiciera Juan de Mesa. Cuando se esculpió, pensemos en los grandes crucificados sevillanos, faltaban 29 años para la hechura del Cristo de la Clemencia, 38 para la del Calvario, 46 para las del Amor, Buena Muerte y Conversión, 48 para la de Fundación y más de un siglo, 108 años, para la agonía ascensional del Cachorro.
Hace 450 años que el magnífico, pionero y felizmente restaurado Cristo de Burgos, “con una corona de espinas y sus cabellos largos y un paño en el cuerpo, según y en la forma que está y lo tiene el Santo Crucifijo de la Capilla de San Agustín”, llegó a la parroquia de San Pedro. Y allí sigue hoy, derrotando siglos.
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