Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Emblemas de Sevilla y otras demagogias

Los negocios históricos que lloran muchos sevillanos se mantienen hoy gracias al turista

El cierre de un comercio tradicional se vive en Sevilla como un acontecimiento traumático. Que un negocio centenario eche la persiana estos días da pie a un prolongado duelo colectivo que mina poco a poco las redes sociales de pésames y dardos, vengan al cuento o no, contra el gobernante de turno y todo el que se atreve a defender el crecimiento de sectores a los que, sin más argumento, acusan de convertir Sevilla en una ciudad de plástico.

No es tan simple. Que este tipo de establecimientos es un patrimonio de la ciudad es algo indudable. Sin ningún titubeo forman parte de esa esencia de la que algunos se apropian sin pedir permiso y sin la que es imposible entender la ciudad. Y, es cierto, parte de esa Sevilla centenaria agoniza. Y por ello instituciones como la Cámara de Comercio y el propio Ayuntamiento de Sevilla apoyan iniciativas para declarar “emblemáticos” a negocios que no sólo destacan por su antigüedad, aunque sea el criterio compartido, más bien por su singularidad.

Hace unos días recibieron estos distintivos 19 negocios, entre ellos, Papelería Ferrer, Foronda y Balbuena, Cerería El Salvador, Casa Rodríguez, Almacenes Velasco, Casa Robles, Cañete, Ochoa, Casa Román, La Salmantina, Hotel Doña María, Restaurante la Raza o Casa Plácido. Iconos para muchas generaciones de sevillanos que ven reflejados en estos ejemplos rasgos de su cultura y sus tradiciones. Pero, salvando los que trabajan de una manera o de otra con productos cofrades, ¿cuántos mantienen una clientela fiel de autóctonos?

Haberlos haylos en casi todos los centros históricos del mundo, donde se han transformado en un reclamo para el turista, sobre todo, internacional. Estos comercios emblemáticos forman parte del paisaje de la ciudad como un punto exótico que el visitante incluye en su ruta para llevarse algo, material o no, que sólo reside ahí porque forma parte del patrimonio histórico y cultural. Son la versión más auténtica y valiosa del souvenir que cualquier sevillano se quedaría con orgullo.

Dicho de manera clara: es el turismo y no el público sevillano el que mantiene a estas empresas cuya subsistencia depende en muchos casos, además, de su capacidad para transformarse, para no quedarse atrás en la revolución digital que afecta también a las nuevas formas de entender la relación con los clientes.

A fin de cuentas, estos negocios con pymes, con sus necesidades y sus problemas. Además de reconocimientos, requieren de empujoncitos, ya sea en forma de ayudas o subvenciones o incentivos fiscales, para seguir generando riqueza y empleo, no sólo para mantener inalterabe la foto fija con más solera de la ciudad.

Por eso, cuando cierra un negocio de este tipo no basta con recrearse en el sepelio. Los homenajes, mejor en vida. Sería más útil consumir en ellos o, al menos, evitar espantar al que ya lo hace, un turista que algunos ven como un indeseable que busca parques temáticos.

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