En tránsito

Emporio celestial de los chiringuitos

En España tenemos 1.921 organismos públicos, muchos de ellos simples chiringuitos para colocar políticos

Hace muchos años, Borges se inventó una enciclopedia china -la llamó el Emporio celestial de conocimientos benévolos- en la cual se establecía una clasificación de los seres vivos que los dividía en catorce categorías: "(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas". La broma de Borges estaba tan bien urdida -Borges fue el mayor bromista de la historia de la literatura- que muchos académicos llegaron a creer que esta clasificación era cierta.

Me he acordado de la clasificación de Borges al saber que la Comunidad de Madrid le ha creado un chiringuito administrativo a Toni Cantó con 75.000 euros de salario. Y lo más divertido de todo es que muchos de los que han protestado muy indignados son gente que tolera con singular mansedumbre los chiringuitos creados por la izquierda, que son tan innumerables y tan "pertenecientes al Emperador" como los chiringuitos creados por la derecha. En realidad,

España es uno de los países de Europa donde hay más chiringuitos administrativos. Cataluña es la comunidad con más chiringuitos, pero en general todo el país va bien servido. En 2020 teníamos 1.921 organismos públicos; es decir, uno por cada 2.300 habitantes. Me pregunto cuántos de estos chiringuitos podrían clasificarse en las categorías borgianas de "pertenecientes al Emperador", "amaestrados", "embalsamados" o "fabulosos". Particularmente, me inclino por los organismos "embalsamados", aunque no hay que descartar a los "fabulosos".

Se mire como se mire, un país así es insostenible, aunque un hecho que debiera ser evidente no parece interesar a nadie. Las pensiones están en peligro, tenemos cifras intolerables de paro juvenil, el empleo es precario y las condiciones laborales del sector privado son demenciales, pero los chiringuitos crecen y crecen sin parar porque hay que colocar a los políticos que se han quedado sin un sueldo público. Pues claro que sí, pero esa es la receta infalible para el fracaso económico. Miren lo que ocurre en Argentina, por ejemplo.

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