Visto y Oído

Antonio / Sempere

Encierros

LLEGAN los Sanfermines. La televisión pública, la única que distribuirá las señales de los encierros en directo (¿recuerdan cuando las daba Cuatro haciendo la competencia?), ha iniciado sus divertidas promociones indicando los días que quedan para el chupinazo. Durante el pasado Festival de Málaga, en el Teatro Cervantes, temblamos. El responsable de ello fue el holandés residente en San Sebastián Olivier van der Zee, responsable del documental Encierro, que vimos provistos de gafas en 3D. El acercamiento a los encierros pamplonicas es apabullante. Rodado durante cuatro años, las cámaras-cable instaladas en la calle Estafeta invitan al escalofrío.

Encierro, el documental, es una apología de esta fiesta singular, con unas imágenes hasta ahora nunca vistas y una serie de testimonios de defensores de la tradición, corredores, periodistas, historiadores y curiosos, que justifican lo inexplicable y que en ningún momento cuestionan la temeridad que supone enfrentarse a las astas de un toro en unas calles abarrotadas. Cuestión de adrenalina. Hay que probarlo para sentirlo, y no se puede sentir nada semejante si no se ha probado.

Con independencia de los valores antropológicos que pueda alcanzar el documental Encierro, la capital de Navarra ha encontrado en sus sanfermines la mejor manera de venderse. Un impacto mediático que habría que cuantificar en cientos de millones de euros. Y en ese sentido, un tesoro que no cabe cuestionar. Un evento al que hay que mimar facilitando que las calles de Pamplona se conviertan durante nueve días en un gigante plató. Javier Solano, que aparece en Encierro, vuelve a estar activo en el centro territorial de TVE (lo vi informando de las inundaciones). Su relato de los encierros es un primor. Y sin embargo, queda la pregunta: por qué jugarse la vida, quedar lisiado, por nada, cuando la salud vale y cuestan tanto.

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