Luis Carlos Peris

Figura del toreo de esas de verdad

Juan Antonio Ruiz 'Espartaco'. El toro 'Facultades' iba a cambiarle la vida, pues estaba a punto de hacerse banderillero · Su liderazgo fue de los más longevos en la historia del toreo

ESTÁBAMOS acercándonos a la entrada del invierno, noviembre del 84, quedaba muy fresca la muerte de Paquirri y también la de Félix Pecellín, un banderillero de Espartaco que se había muerto en un hotel de Valladolid mientras se quitaba el traje de plata. Andábamos en la organización de un partido de fútbol a beneficio del desaparecido banderillero y Espartaco no se recataba en confesar que como la Feria de Sevilla no le saliese bien colgaba el oro y optaba por la plata de banderillero.

Diodoro Canorea le había hecho a su apoderado, José Luis Marca, dos corridas, una regular y otra buena. La primera, de Joaquín Barral en un cartel modesto y en la que no pasó nada; la otra era el jueves de Feria, 25 de abril del 85, y ofrecía más posibilidades. Toros de Manolo González para Emilio Muñoz, Espartaco y Tomás Campuzano. Una oreja cortó Juan Antonio en el tercero, para cerrar plaza salió Facultades y la vida la dio un giro de ciento ochenta grados a Juan Antonio Ruiz Román Espartaco, natural de Espartinas desde que viese la luz primera el 3 de octubre de 1962 como primogénito de otro Espartaco que se retiró sin que la moneda saliese nunca de cara.

Desde niño, su padre lo metió por los caminos y las duras veredas del toreo. Hasta hizo de torero serio en un espectáculo cómico y es otro niño prodigio que alterna con Emilio Muñoz el mediodía luminoso del 19 de marzo de 1975 en una portátil montada en Camas. Juan Antonio ve cómo se encauza su vida muy pronto de la mano de los hermanos Lozano. De novillero no torea ni en Madrid ni en Sevilla, estrategia que le había funcionado muy bien a los Lozano diez años antes con Palomo Linares.

Forma pareja novilleril con El Mangui y ambos asisten atónitos a la irrupción de un perfecto desconocido ya talludito con una novillada de Manuel Camacho en Sanlúcar de Barrameda. Fue una tarde de julio de 1978 en la que todos cortaron orejas, pero en la que ese desconocido talludito se entretuvo en polarizar toda la atención mediante la efectiva conseja de cortarle el rabo a sus dos novillos. Aquel desconocido talludito era Paco Ojeda y lo apodaban El Latero.

En 1979 se programó la alternativa de Espartaco con un cartel de muchos quilates. Iba a ser en la Corrida del Arte de Jerez y con un encierro del Marqués de Albaida se anunciaban como padrino a Antonio Ordóñez y como testigo a Rafael de Paula. Pero el hombre propone, el viento de Levante descompone y como los toros habían sido rechazados, la corrida se suspendió entre un escándalo mediático de considerables proporciones.

Alternativa frustrada aquel 29 de julio, Juan Antonio la tomaría en la primera corrida de las que tenía firmadas, la del 1 de agosto en las Colombinas de Huelva y con otro cartel de fuste. Se corrieron toros de Carlos Núñez para El Cordobés de padrino y Manolo Cortés testificando el doctorado de aquel prometedor Juan Antonio Ruiz Espartaco. El toricantano triunfó a lo grande, ya que le cortó las orejas a los dos toros que compusieron su lote.

Y al año siguiente, debut en Sevilla. Sábado de preferia, 19 de abril de 1980, y toros de Núñez para Curro Romero, Manzanares y Espartaco. Juan Antonio y José Mari cortaron oreja, pero fue una tarde de explosión romerista en la que el Faraón iba a traspasar la Puerta del Príncipe por quinta y última vez en su vida. Cinco salidas por ahí que Juan Antonio igualaría años después para una marca que ningún torero de a pie ha logrado igualar.

La primera vez que Espartaco abre la puerta soñada es el 27 de abril de 1982, cortando tres orejas a sus jandillas en presencia de Curro Romero y de Paquirri. Bueno, pues, a pesar de ese éxito, las cosas no marcharon debidamente y en ese invierno del 84, en vísperas de que se atravesase Facultades en su vida, Juan Antonio pensaba dejar la espada y coger los palos.

Y desde Facultades hasta el 92, líder indiscutible del escalafón. Tomó el cetro que portaba Paco Ojeda y lo cedió ante un Enrique Ponce que también se llevó un puñado de años de líder. Espartaco salió tres veces más por la Puerta del Príncipe. En total salió por ella en los años 82, 85, 86, 87 y 90. En ese 87 hizo la hazaña de matar en solitario la corrida de Miura que cierra la Feria, lo que sacó adelante con una lección asombrosa de poderío y oficio.

Una desgraciada lesión jugando al fútbol en Valencia lo tuvo cuatro años en el dique seco, atravesando un calvario de operaciones y de unas rehabilitaciones dolorosísimas. Volvió igual de poderoso que se fue en el 99 reapareciendo en Olivenza con Ponce y El Juli y corta dos orejas en Sevilla el 17 de abril. No viene a la Feria de 2000 y anuncia su retirada de los ruedos en la Feria de San Miguel del año 2001.

Se lidia una corrida de Cuvillo el 29 de septiembre para Ortega Cano, Espartaco y Ponce en una tarde de lluvia impresionante que convierte el ruedo en un lodazal. A Ortega Cano le echaron esa tarde un toro al corral, Espartaco le brindó a Patricia, su mujer, el quinto toro y en la vuelta al ruedo de despedida, Enrique Ponce le tiró la montera a sus pies. Luego torea esporádicamente para matar el gusanillo y también para que se recuerde que Espartaco fue una figura del toreo de las de verdad.

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