A las armas

Instrucción en Cerro Muriano.
Instrucción en Cerro Muriano. / DS

09 de enero 2026 - 05:30

OTRA vez el profesor Macarro. Voy a tener que pagarle royaltis (regalías, como dicen los más pulcros). Un día analizábamos en clase un texto sobre pacifismo. La gran mayoría del aula era explícitamente antimilitarista, algo habitual en las facultades de letras de mi generación. Entonces, el historiador dijo una de esas frases que ponían las cabezas a funcionar: “Después de la carnicería de la Gran Guerra los estudiantes de Oxford y Cambridge juraron no volver a tomar las armas nunca más. Unos años después, con la II Guerra Mundial, formaron parte de la flor y la nata de las Fuerzas Armadas británicas”.

Los españoles, con fama de fieros guerreros desde Numancia hasta Krasni Bor, han sido en las últimas décadas muy refractarios a cualquier intervención armada. Quedó claro en la Guerra de Irak y en esas manifestaciones en las que se unían los perroflautas con las señoras de visón. Sin embargo, el prestigio de las Fuerzas Armadas, una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos en todas las encuestas, no deja de crecer. En buena medida, hasta la fecha, la cuestión del pacifismo era un debate de salón, pues todos nos sentíamos a salvo de un conflicto a gran escala. Lo más cerca que estuvimos de una guerra de proximidad fue durante el incidente dePerejil (Afganistán eran unas sierras lejanas), mucho más serio de lo que algunos han querido reconocer, que en ese momento se resolvió a favor de los intereses de España gracias a la firmeza de Aznar y a nuestras buenas relaciones con EEUU. Hoy las cosas no son así.

Con Trump-Putin-Xi Jinping vivimos el final de la inocencia pacifista. Si no queremos terminar siendo un protectorado de los rusos o los norteamericanos (¡cuánta razón tenía De Gaulle!) tenemos que ser capaces de defendernos con nuestros propios recursos. Para ello se necesita más inversión en armamento (así, sin anestesia) y la generación de una potente bolsa de reservistas que, llegado el momento, apoye a las Fuerzas Armadas profesionales. Esto, que sepamos, solo se consigue con un Servicio Militar que puede y debe ser voluntario e incentivado. Las fórmulas son mil y seguro que nuestro competente Estado Mayor ya ha pensado en distintas opciones. Ah, también es muy importante que el Gobierno dote al país de unos presupuestos aprobados por las Cortes que permitan todas estas reformas, pero esto se nos antoja lo más difícil.

stats