PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Francisco del Castillo Pereda

18 de septiembre 2009 - 01:00

RECUERDEN este nombre. Ha ingresado en el benemérito club de los héroes por civismo. Es el vecino de Los Bermejales, sevillano y de 35 años de edad, que le llamó la atención a una pandilla de gamberros para que cesaran sus barrabasadas en la calle. La respuesta fue un navajazo en el abdomen que a punto estuvo de ser mortal. Y su réplica consistió en correr tras él, pese a la sangre que manaba de la herida, y lograr que fuera detenido. Víctima y captor al tiempo de un joven descarriado (otro más...), gracias a ciudadanos tan corajudos se pone coto al vandalismo de unos pocos para consagrar una sociedad de derechos y libertades en la que se confíe en el prójimo.

El Ayuntamiento de Sevilla debe premiarle y ensalzarle públicamente. Y, cuando se reponga de la agresión, las asociaciones de vecinos del Distrito Sur deben convocarle a protagonizar actos en los que se debata qué ejemplo dar ante niños y jóvenes cuando uno se topa con la insolencia. Mirar para otro lado y que el marrón se lo coma otro ciudadano que casualmente pase por allí, o instar a los maleducados a entender que quienes les observan no van a ser cómplices pasivos de sus rabietas.

Francisco del Castillo Pereda ha evitado, durante el tiempo que estimen las autoridades judiciales, que un chaval de 16 años le raje el vientre a usted o a mí. Para su reinserción, este vecino ha puesto de su parte el cuerpo y el susto en las urgencias del Hospital Virgen del Rocío, educándole en el territorio común de la calle con el límite de su propio riesgo. Ojalá los sistemas de tutela y reeducación de menores sean capaces de conseguir que, cuando traspase la edad adulta, se haya curado del vértigo rufianesco y funde Navajeros Anónimos. Necesitamos desmantelar el cotidiano arsenal de acero que llevan en los bolsillos con la naturalidad del que lleva unas monedas para comprar el pan.

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