La ciudad y los días

carlos / colón

Insultar sale gratis

ANTE el Ayuntamiento estaba Antonio Rodrigo Torrijos, acompañado de Josefa Medrano, impartiendo doctrina a un grupo de trabajadores de Mercasevilla: "Coño, si el liberalismo, si el capitalismo está intentando acabar con el derecho de los trabajadores, hay que combatirlo…". Y en eso pasaron por el andén Beltrán Pérez, Evelia Rincón y María del Mar Sánchez Estrella. Uno de los trabajadores, quizás para combatir el capitalismo, les gritó a los dos primeros estas palabras que grabó Tele Sevilla: "A ver si se te muere una hija, hija de puta. Lo que quiero es que sufran en vida. Esa y el otro que está arriba. Que se le mueran los hijos y que sufran en vida los hijos de puta como lo vamos a sufrir nosotros". La concejal de Cultura salió mejor parada: según el compañero Diego J. Geniz sólo "le lanzaron insultos con connotaciones y gesticulaciones sexuales".

Torrijos y Medrano, impasibles. Ni sus sólidas convicciones democráticas, ni su acendrado pacifismo, ni su conocida filantropía, ni su incuestionable defensa de los derechos de las mujeres se conmovieron cuando los políticos del PP fueron insultados de forma tan canalla y machista. Son unos estoicos. Cuando todo acabó el sensible portavoz de IU continuó impartiendo doctrina: "Si consideráis que en la pelea os somos útiles, a vuestra disposición". Después los de Mercasevilla se fueron al bar en el que otros ediles populares tomaban café para seguirles por la calle gritándoles mangantes, sinvergüenzas y canallas.

Ustedes comprenderán que no voy a censurar estos comportamientos. Vivo en España, el país en el que la oposición, sus voceros y algunos jueces sostienen que berrear en la puerta de los domicilios particulares de los políticos (siempre que sean del PP, claro) no es acoso, sino ejercicio de la libertad de manifestación y expresión; el país en el que a los políticos del PP se les puede decir de todo -incluyendo insultos y desearles la muerte de sus hijos- porque son herederos de Franco, chupasangres del pueblo, atilas de los derechos de los trabajadores; en el país en el que creer que se tiene razón autoriza a todo, incluidas amenazas y acosos. Y porque vivo en la Europa cuyo Parlamento da a los del escrache un premio destinado a "personas u organizaciones excepcionales que luchen por los valores europeos". No, no voy a condenar esas palabras como si fuera un facha sin conciencia social. Mejor hacer como los camaradas Torrijos y Medrano. ¡Chissss!

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