SALUD Sevilla dobla en seis meses el número de pacientes que esperan más de un año para ser operados

La aldaba

Carlos Navarro Antolín

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Koldo, la pulga llega para quedarse

Sánchez se equivocó al aludir al hermano de Ayuso en Rabat, donde estaba en un encuentro de alto nivel institucional En verano, Juanma, el momento es en verano La lección de Inmaculada Casal y María del Monte

Pedro Sánchez, en la comparecencia posterior al encuentro del más alto nivel institucional en Marruecos.

Pedro Sánchez, en la comparecencia posterior al encuentro del más alto nivel institucional en Marruecos. / M. G. (Rabat)

No imagino al presidente Calvo Sotelo en plena comparecencia en una visita oficial a otra nación aludiendo al hermano de una dirigente del partido rival por un caso investigado y dos veces archivado. Así obró Pedro Sánchez en Rabat, con las banderas de las dos países como fondo. Estaba desencajado. No guardó el mínimo perfil institucional. Parecía que lo habíamos visto todo, como cuando dio el pésame por la muerte de un etarra o se rio del líder de la oposición en la tribuna del Congreso con el desahogo de un adolescente que se sienta en la ultima fila del autobús en la excursión a Danone. Sánchez degrada la presidencia del Gobierno con esas reacciones. Un jefe del Ejecutivo no debe referir a un ciudadano particular con un discurso sin rigor y en el contexto de un encuentro de alto nivel diplomático. No es de recibo. No se entienden estas reacciones si no es por el bajonazo que sufre la vida política española, en manos de forofos, expertos en zascas y tuiteros que ejercen de zapadores desde los aparatos de los partidos. De un presidente del Gobierno se debe esperar otro tono. Se entiende el rostro cariacontecido que exhibió porque el caso de los 19 detenidos por el cobro de comisiones ilegales es un torpedo contra el corazón del sanchismo. El tal Koldo tenía un currículum cuando fue recomendado por el estado mayor del PSOE donde no figuraba precisamente el departamento de publicaciones de la Casa del Libro. No es creíble que el ex ministro Ábalos no supiera nada de nada de cuanto hacía y deshacía su asistente, valido, hombre fuerte o como se le quiera llamar. Koldo no pudo hacer tanto sin colaboración.

La investigación que ha derivado en las detenciones lleva abierta más de un año. La cosa es seria y fea para un Ejecutivo débil que tiene todas las papeletas para convertirse en un Gobierno vergonzante a base de mendigar apoyos. El desastre electoral de Galicia y el caso de Koldo lastran más al presidente. El viaje a Marruecos no ha generado ningún acuerdo sobre las materias de mayor interés: la lucha contra la inmigración ilegal, las aduanas, el combate contra el yihadismo y el narcotráfico. Nada de nada. Y seguimos sin explicar las razones del volantazo diplomático que dimos con respecto al Sahara hace dos años. Opacidad se llama. El Gobierno es un perro flaco que acumula pulgas, la última con muy mala pinta y con todas las condiciones para durar mucho tiempo y provocar mucho ruido. Y mientras hay que sacar un presupuesto y gestionar una nación. El que recomendó a Koldo merece un curso sobre recursos humanos. Un lumbrera. Para que imparta un máster en triajes.

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