antonio brea

Historiador

Liberalismo y nuevas derechas

Spengler opone lo que concibe como espíritu prusiano, esencialmente socialista, al inglés

Pocas fechas tan poco propicias para la salida de imprenta de un libro como la de ese traumático marzo de 2020 que rompió nuestras vidas. Esto es lo que le sucedió precisamente a uno de los últimos títulos de la esmerada colección Biblioteca Histórica, de la editorial Renacimiento. Concretamente al clásico ensayo de Oswald Spengler, Preussentum und Sozialismus, cuya reedición pasó completamente desapercibida, en medio del maremágnum de terribles noticias que se abatieron sobre el mundo la pasada primavera.

Traducido varias veces al castellano como Prusianismo y Socialismo, tal y como atestigua, sin ir más lejos, la edición de 2017 a cargo de las catalanas Ediciones Fides, en esta ocasión particular ha sido titulado Prusianidad y Socialismo, en lo que constituye una traslación más fiel del idioma alemán. Así lo defiende al menos Jerónimo Molina Cano, rara avis en el confuso panorama universitario actual y responsable de la edición y revisión técnica de la traducción, así como del estudio introductorio de esta nueva joya bibliográfica con la que nos obsequia esta empresa icónica de la industria cultural de nuestra ciudad.

En Spengler reconocemos a una de las figuras cruciales de ese movimiento germano de entreguerras que fue la Revolución Conservadora, una corriente intelectual de derecha marcadamente iliberal. Es este un adjetivo últimamente de moda entre los analistas, cuya comprensión nos sería más asequible si, por caprichos del lenguaje, se hubiera conformado como "aliberal" o "inliberal": no liberal, en definitiva.

En su escrito, publicado originalmente en 1919, año en el que Alemania vive sumida en el estupor y caos subsiguientes a la derrota en la Gran Guerra, Spengler realiza, contra lo que se puede presuponer en un teórico conservador, una defensa del socialismo como modo de organización colectiva. Claro está que no se refiere al socialismo marxista que repudia, sino a un principio filosófico en el que la política, como instrumento al servicio del interés comunitario, prima sobre la economía. Justo lo contrario de lo que ocurre, a su juicio, en el liberalismo y su reverso, el marxismo. En este sentido, Spengler opone lo que concibe como espíritu prusiano, esencialmente socialista, al inglés, del que derivarían tanto el liberalismo como las tesis del apátrida Marx.

Un tercer modelo de convivencia social, sería el español de nuestra etapa de plenitud imperial, en el que el ideal religioso domina sobre la política y la economía, y al que, a pesar de tributarle los más benévolos comentarios, considera extinguido en el panorama europeo del siglo XX.

La lectura de esta y otras obras de Spengler cobra actualidad en un momento en el que, en distintas latitudes de nuestro continente, emergen nuevas derechas que conjugan proclamas iliberales en torno a la soberanía y la identidad, con propuestas socioeconómicas abiertamente liberales. Del equilibrio entre unas y otras dependerá, en gran parte, la evolución de estas formaciones y su papel como agentes históricos de futuro.

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