¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Julio Iglesias y la motosierra
El 30 de enero de 1888 los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero estrenaron en el Teatro Cervantes de Sevilla su primera obra titulada Esgrima y Amor. Tenían 16 y 15 años respectivamente y eran alumnos del Instituto San Isidoro. Se podría decir que solo tuvieron que cruzar la calle para iniciar una carrera artística que les llevó desde el teatro sevillano al aprecio popular y la inmortalidad. Claro que para eso se tuvieron que ir de inmediato a Madrid. Pero esa es otra historia. Afortunadamente el Teatro Cine Cervantes está de nuevo abierto, con la sala remozada y en programación, por el interés de la propiedad y con el apoyo de iniciativas ciudadanas. Esperemos que por mucho tiempo y que el público acuda a llenar la sala en cada sesión.
En la misma calle que el Cervantes está en obras el edificio que acogía el Cine Trajano, donde se han producido hallazgos de restos humanos, testimonio de que antes que Salón de Variedades Lido con diseño de Aníbal González, fue el sitio del Hospital de Amor de Dios en el siglo XVI, del que toma nombre la calle, de ahí la importancia de la toponimia urbana que no debería ser tomada a la ligera. Parece que el patio del edificio será recuperado con una finalidad acorde con el pasado del establecimiento, uno de los hitos del recorrido festivo que en esos años llevaba del Salón Kursaal de Sierpes al café Novedades de la Campana y de ahí por Santa María de Gracia, con los aires del Café de Silverio, llegar a la Alameda, a los cielos nocturnos de la Sevilla de burdeles con sofás y cortinas de terciopelo, que aún existían en el modernismo de las novelas sevillanas de José Más.
De los tres cines-teatros que hace unos años se defendieron del derribo o desaparición, el Cervantes, el Trajano y el Llorens, es este último el que se ha quedado solo sin nadie que le preste el cariño y atención que merece. Construido como teatro por el arquitecto regionalista José Espiau y Muñoz en 1913, en estilo historicista neomudéjar y neorrenacentista, es adquirido en 1915 por el polifacético empresario teatral y cinematográfico don Vicente Lloréns, además de erudito, publicista, abogado y archivero, para su conversión en cine. Bajo la gran armadura neomudéjar de su cubierta se disponen yeserías, azulejos, forjas, arquerías, etc. Esta valiosa muestra de la arquitectura regionalista forma parte de la mejor historia cultural de la Sevilla del siglo XX. Por su sala han pasado Manuel de Falla, Ernesto Halffter, Arthur Rubinstein, Raquel Meyer, la Pardo Bazán, Unamuno, etc… y en 1930 acogió la primera proyección de cine sonoro en nuestra ciudad. Ahora sigue cerrado con el rótulo de Salón de Juegos de los últimos años y para los sevillanos, el Cine Llorens ha desaparecido de la vida cultural y poco queda para que nunca haya existido. A pesar de su catalogación, o por eso mismo, el edificio lleva mal camino, aunque como no llueve el deterioro no aumenta. Ojalá surja la iniciativa que el edificio y su historia se merecen.
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