Tala de árboles El Ayuntamiento pretende encargarse del ficus de Triana y su espacio en la parroquía

Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

Memoria de doña Guiomar Manuel

Doña Guiomar sufragó el solado con ladrillos en espina de pez de parte del casco histórico

A mediados del siglo XIV, nace en Sevilla Guiomar Manuel, hija del rico mercader Manuel Saunín, la cual llegaría a ser con el tiempo una mujer excepcional. Quedaría viuda en torno a 1410 y, a partir de entonces, esta mecenas hispalense dedica su tiempo y su amplia fortuna a financiar la construcción de conventos y al fomento de obras cívicas en beneficio de los ciudadanos, principalmente de los más desfavorecidos. Consigue la licencia regia para conducir las aguas provenientes de los Caños de Carmona hasta la inmunda Cárcel Real -reedificada a sus expensas, dotándola de cañerías y fuentes-, sofocando así el padecimiento de los presos, cuyos desesperados lamentos escucha desde su residencia cercana.

"Llevó el agua corriente a la cárcel desde los Caños de Carmona en una época en la que nadie tenía agua en casa, ni siquiera el Conde de Niebla, don Juan Alonso de Guzmán, el personaje más relevante de la ciudad" (Rafael Sánchez Saus).

Asimismo, sufraga el solado con ladrillos en espina de pez de parte del casco histórico. La plaza del Salvador, la calle Sierpes, la plaza de San Francisco y el Patio de los Naranjos de la antigua mezquita mayor -con su magnífico enladrillado- serían algunas de las primeras plazas y vías pavimentadas, anticipándose un siglo al proceso de acondicionamiento viario general. Dona en su testamento importantes caudales para la fábrica de la catedral gótica, cuya obra comenzaría pocos años después de su muerte en 1426. Una placa de bronce situada en la parte inferior de un pilar frente a la Capilla Real refleja su primitivo lugar de enterramiento en la mezquita-catedral de Santa María, pues la lápida sepulcral quedaría oculta bajo el embaldosado del templo colocado a finales del siglo XVIII. La exigua inscripción broncínea recuerda a una extraordinaria mujer que, además, legaría a la ciudad sus salinas patrimoniales de Utrera y Sanlúcar de Barrameda, imprescindibles para la conservación de los alimentos en esa época.

Doña Guiomar Manuel era una persona adelantada a su tiempo, con autonomía y bondad para amortiguar el desamparo y los sufrimientos de las capas inferiores de la sociedad en la turbulenta Baja Edad Media. Al igual que otros próceres de verdadero interés y predicamento, se la recuerda sin su nombre completo en el nomenclátor hispalense en una calle corta rotulada en 1915, Doña Guiomar, que enlaza la calle Zaragoza con la plaza de Molviedro, antiguo Compás de la Laguna o de la Mancebía. Esta dama benefactora merece figurar en una plaza céntrica de Sevilla, olvidadiza a veces de sus sólidos pilares humanos. Nombrar con respeto es amar...

"Humillar con la dádiva al que pide,/ dar con alarde o con desdén al pobre,/ tan solo es vanidad./.../ Pero dar con sigilo y ocultarse,/ sorprender al que sufre y conmoverse/ su pena al consolar./ Hacer el bien como deber, sin cálculo,/ sintiendo amor por el que sufre y llora,/ esa es la caridad" (José Tomás de Cuéllar).

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