Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El PSG entonó un canto al fútbol más hermoso

13 de marzo 2015 - 01:00

ANTIER noche tuve la oportunidad de extasiarme con uno de esos partidos de fútbol que sirven para reconciliarte con el fútbol si es que alguna vez estuviste enfrentado al fútbol. Uno de esos partidos en que la justicia aflora a pesar de que el encargado de repartirla no anduviese muy afortunado. Me refiero, claro, al partido de Champions entre el Chelsea y el París Saint Germain, un auténtico monumento al fútbol y sus circunstancias.

Fue un recital de generosidad y entrega por parte de un equipo que se quedó con un futbolista menos por expulsión injusta cuando iba media hora y cuando a esa hora no se sabía que había hora y media por delante. Expulsión, además, de la estrella del equipo, de ese sueco de ascendencia bosnio-croata que atiende por Zlatan Ibrahimovic. Una tarjeta roja que, en teoría, le allanaba el camino a los de Mourinho y que dejaba al PSG con el triste papel de víctima propiciatoria.

Sí, sí... víctima propiciatoria. Apretaron los dientes los de Blanc, se apoyaron en la calidad de la mejor pareja de centrales del mundo y en la de gente como Thiago Motta, Verratti, Cavani o Pastore, en la omnipresencia de Matuidi y en el oficio del resto para vender tan caro el pellejo que al final volverían aquello del revés en una prórroga para la historia. Pero hay que hacer hincapié en cómo obró la justicia para convertir el agravio en premio y en héroe al villano.

Primera injusticia fue la del árbitro al no castigar a Costa como había castigado a Ibrahimovic. Luego, el infortunio de Thiago Silva se vería compensado con el gol que pone a los parisinos en el bombo de cuartos. Fue una prórroga trepidante con final feliz para la generosidad y el esfuerzo del PSG frente a la cicatería de un Chelsea encorsetado en la pizarra de Mourinho. Fue ese partido de Stamford Bridge como un canto al fútbol cuando al fútbol se juega mirando de frente.

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