¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
José Rodríguez de la Borbolla presentó ayer sus memorias sobre Andalucía, el PSOE y la Universidad de Sevilla en un Paraninfo abarrotado de público a la hora en que se reza el Ángelus en los cenobios. La sesión fue en cierta manera una exhibición de cuanto se expresa en el magnífico título de la última obra de Rajoy: Política para adultos. Pepote es un adulto, nada comparable a muchos de los niñatos en cargos públicos que nos torturan con contenidos hiperideologizados o directamente banales. Está muy bien que los jóvenes que no conocieron la Transición o el gran PSOE centrado, moderado y con sentido institucional de Felipe, tengan acceso a los testimonios de dirigentes como Borbolla. Ahora que se cumplen cuatro décadas de la histórica victoria de 1982, se echa especialmente en falta ese partido puramente socialdemócrata, que fortaleció la joven democracia y la gran clase media española, que evitó que el Sur se quedara definitivamente descolgado gracias al AVE y la Exposición Universal, que fue clave para proyectar la mejor imagen de Cataluña hacia el mundo y, por supuesto, para integrar a España en Europa y en la OTAN.
El adanismo y la trivialidad son dos de los grandes males de la política actual. Se echa de menos la auténtica moderación, el sentido institucional, la claridad en las prioridades, el mantenimiento de la paz social... Aquel PSOE tuvo el máximo poder nunca ostentado y no promovió la mudanza de tumbas. Tal vez porque a la hora de gobernar puso en práctica eso que el Código Civil refiere como la “diligencia del buen padre de familia”. La suerte de Andalucía, al fin, es haber tenido algunos muy buenos presidentes, políticos adultos que ahora, como Pepote, son incluso patronos del Centro de Estudios Andaluces (Centra). Con tanta banalidad en una y otra acera, con el experimento del centro liberal en caída libre, resultan gratificantes actos como el de ayer. Un político socialista del que se guarda un buen recuerdo general, con sentido común, al que se debe escuchar, nada sectario y que nos consta de primera mano que siempre está dispuesto a ofrecer el valor de su experiencia a dirigentes de muy diferente ideología.
Aquel PSOE de Pepote no chinchaba a la Iglesia, se entendía con ella. No trabajaba en contra de la concordia de la Transición, procuraba mantenerla como una joya en una vitrina. Se podía equivocar y se equivocaba, pero no enfrentaba a los españoles ni ponía en jaque a la Monarquía. En el Paraninfo algunos vivieron una sesión para la nostalgia. Que la llama no se apague. Otro PSOE es posible. Porque existió.
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