La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Hartos de estupideces
Visitaremos cinco enclaves de la antigua judería sevillana donde se conjugan ecos literarios con una vegetación de cierta relevancia. Comenzamos en la plaza Doña Elvira, que toma el nombre de una noble dama que heredó estos terrenos del actual Barrio de Santa Cruz a finales del siglo XIV, contando la tradición que el comendador don Gonzalo de Ulloa poseería casa solariega en el lugar y en ella nace su hija Inés, elevada a los altares poéticos por José Zorrilla en su Don Juan Tenorio; una placa sobre una de las fachadas recuerda el amor eterno a la sombra de un amable grupo de trece naranjos agrios, arriates de mirto y rosas de pitiminí. Continuamos por la calle Susona y recalamos en un ensanche protagonista de relatos legendarios sobre amoríos y traiciones entre judeoconversos perseguidos por el Santo Oficio, donde crecen cuatro naranjos, uno de ellos unido a una esbelta washingtonia germinada sobre la base del cítrico. Prosiguiendo el camino por el callejón del Agua, la plaza de Alfaro y la calle Lope de Rueda llegamos a la de Santa Teresa, donde se ubica el monasterio de carmelitas descalzas San José del Carmen fundado a finales del siglo XVI por San Juan de la Cruz y donde se custodia el manuscrito original deLas Moradas de Teresa de Jesús; la callejuela teresiana se abre a la histórica plaza de Santa Cruz con sus naranjos, setos de azahar de la China y un guayabo del Brasil, árbol sudamericano escaso en la ciudad. Avanzamos por la calle Mezquita para arribar a la diáfana plaza de los Refinadores, donde asoma un lienzo de la muralla judía, circundada por una decena de floridas sóforas y con la única palmera de Canarias que resta de un cuarteto preexistente, tres de las cuales convendría reponer; el monumento en honor al mítico don Juan de Tirso de Molina en El burlador de Sevilla preside el espacio, personaje creado en realidad por Andrés de Claramonte y reflejado en diversas obras artísticas como don Juan Tenorio de Zorrilla, quien lo vincula con el Barrio de Santa Cruz.
Accedemos al Barrio de San Bartolomé a través de Cano y Cueto, Santa María la Blanca y Céspedes, alcanzando el Palacio de los Mañara y un callejón a su derecha con una casa palaciega donde vivió Fernando Villalón: filántropo, amigo de poetas de la Generación del 27 y apodado “el poeta brujo” por su toque surrealista, aunque apegado a su tierra andaluza. Es posible disfrutar en sus cercanías de la plaza de las Mercedarias, la cual emana efluvios místicos de los dos conventos que la rodean, con una docena de naranjos que arropan a tres jaboneros de la China y que terminan por conformar una de las plazoletas más encantadoras de Sevilla. Así culminamos nuestro evocador itinerario, dejando atrás otros mágicos rincones que nos pueden acercar a Washington Irving, Luis Cernuda, Santiago Montoto, Blanco White o Joaquín Romero Murube.
“Sí, iré mi orgullo a postrar/ ante el buen comendador,/ y o habrá de darme tu amor/ o me tendrá que matar” (Don Juan Tenorio).
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