La esquina

José / Aguilar

'Selfies', apogeo del narciso

15 de marzo 2014 - 01:00

PODRÍA ser la versión contemporánea y tecnológica del autorretrato. Más cómoda, barata y universal. Selfie es la palabra el año. La autofoto que cualquiera se hace a sí mismo, solo o en compañía de otros, con un teléfono inteligente o una cámara web, para colgarla inmediatamente en un foro o una red social y hacer posible que todo el mundo la disfrute (es un decir).

Por cada cien selfies que unos pocos aún privilegiados incrustaron en Facebook, Twiter, Instagram o cualquier otra plataforma on line se subieron 17.000 el año siguiente, y en este 2014, tras incorporarse a la moda algunos prohombres, muchos famosos y un montón inabarcable de famosillos, se alcanzarán cifras mareantes. El Papa y Obama ya se hicieron la suya. Un fenómeno imparable.

Las antiguas cámaras fotográficas, que hoy son pura arqueología, le servían a mucha gente para presumir de su presencia en lugares exóticos, parajes paradisíacos o ruinas memorables. Un alto porcentaje de turistas de todo el mundo pasaban por sitios maravillosos sin disfrutarlos, qué digo disfrutarlos, sin mirarlos, sólo preocupados y ocupados en fotografiarse en ellos con el único objetivo de dejar constancia de que habían estado allí y darle la tabarra a familiares y amigos a su regreso. Una forma inocente de suscitar admiración y envidia.

El selfie es otra cosa. El selfie te convierte en potencial objeto de la atención de millones de personas. Te hace centro de un universo virtual e indoloro con sólo hacer click. Claro está, eso tiene un atractivo irresistible para todos los tontos del mundo. Una de las características más destacadas del tonto es precisamente pensar que su tontuna puede interesar a alguien. El tonto contemporáneo cree a pies juntillas, en su descabellada estulticia, que sus poses rebuscadas, sus gestos estudiados, sus gracias insulsas y sus actos más banales pueden interesar a alguien. Sienten la necesidad perentoria de comunicar urbi et orbi que van a empezar a comer, que están haciendo footing en el parque local, que le dan un beso a su novio/a o que se han comprado una batidora. Cuando el tonto se tropieza con un futbolista, cantante, actor o modelo, ya es que entra en éxtasis. La autofoto acompañado de famoso es la repera.

¿Quién le habrá dicho que a alguien le interesa ver su autofoto? Realmente, sólo lo han convencido su propio exhibicionismo y narcisismo. Antes retratábamos el mundo. Ahora nos retratamos nosotros para el mundo. Tontos de baba, ya digo.

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