La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
Concurso de saetas en Radio Nacional, Saeta en Radio Vida, Cruz de Guía en Radio Sevilla, postales Escudo de Oro en los quioscos, pasitos artesanales en el escaparate de la Papelería Ferrer, discos de Pax y Alhambra en Casa Damas, Como llora Sevilla de Cué, Semana Santa en Sevilla del padre Gutiérrez o Una tarde en el Gólgota al morirte de Perales en los escaparates de Sanz o Pascual Lázaro, reparto de papeletas de sitio en pequeñas dependencias con paños de azulejos en los muros, mesas neorrenacentistas, olor a tabaco negro y montones de bolsas grises con las túnicas de alquiler…
Ya sé que los previos de la Semana Santa ya no son estos, no hace falta que me lo recuerden. Pero eso es una cosa y otra que la Semana de Pasión -además de su circunstancial aire de gris, lluvioso y frío enero- parezca la víspera de Waterloo, el Alamein o el desembarco en Normandía. Las noticias son que se aforarán las calles, los bares cerrarán a la una (menos -curioso- los de las calles más turísticas del centro histórico), patrullarán 2.600 policías nacionales y 977 guardias civiles además de los policías locales, volarán drones controlando los aforos de las calles, funcionarán un centenar de cámaras, luces anti pánico, control por GPS de los cortejos, una plataforma Smart, monitorización a través de redes sociales… En vez de para disfrutar de las procesiones parece que Sevilla se prepara para una cumbre del G-20.
Por desgracia todo esto es necesario. Y por suerte se disponen de los medios necesarios. Vivimos los tiempos que vivimos, nos acechan los peligros que nos acechan, nos han marcado las avalanchas de 2000 y sus réplicas en 2005, 2009, 2015 y 2017, estamos medio saliendo -solo medio saliendo- de dos años de pandemia, se prevén multitudes y mareas humanas con y sin capirote tras este bienio de abstinencia de cofradías… Todo es cierto y hay que agradecer el interés de las autoridades para garantizar la normalidad y reaccionar si algo la quiebra. Pero esto parece más propio de las ciudades distópicas de Metrópolis de Lang o Blade Runner de Scott que de Sevilla en gozosa Semana de Pasión. Habría que preguntarse qué ha cambiado para que tantas medidas preventivas sean necesarias. Y la respuesta puede no ser grata: si la ciudad no ha crecido en los últimos 40 años (645.817 habitantes en 1981 y 684.234 en 2021) deben ser los ciudadanos quienes han cambiado. Y a peor.
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