Economía para principiantes

José Ignacio Rufino

Serpientes de invierno

LA prensa extranjera en general, y la británica en particular, se ha cebado esta semana con España. No faltan motivos, sean éstos más o menos insidiosos. El primero, un estado mental colectivo algo enajenado propio de las vacaciones, que a su vez da lugar a serpientes informativas, en este caso navideñas. El hacker que cambió la cara de Zapatero por Mr. Bean en la web (cuya gestión y seguridad va a costar a España ¡11 millones de euros!) de la recién estrenada Presidencia europea de la UE ha posibilitado decenas de noticias y comentarios, la mayoría de ellos guasones y, no pocos, hirientes. De la misma forma que más allá de nuestras fronteras es más que dudoso que coincidan con quienes aquí dicen que Manu Tenorio es clavadito a Paul Newman, los británicos no parecen coincidir con los españoles en que el desastroso majadero con ínfulas de avispado que es el personaje de Rowan Atkinson se parezca a nuestro presidente, al menos en el aspecto físico: "pretendido parecido", según Sky News. Aun así, varios medios, como Business Week, aprovechan los trenes baratos y descalifican -aunque sutilmente- a Zapatero para manejar unos meses el cubo de Rubik comunitario. Claro está que no con la saña con que se ha despellejado en no pocos medios y columnas al vigente presidente español. Todos, aquí y allí, parecen dar por hecho que para ser seleccionador nacional hay que haber sido un reputado entrenador de club. Algo más que discutible.

De más enjundia, y menor eco, hay que calificar a otro asunto objeto de información en los medios foráneos: el Estatuto catalán en solfa por el Tribunal Constitucional. De forma unánime, muchos de los grandes periódicos europeos coincidieron en 2006 en que el Estatut era positivo para Cataluña. Y para España. Y para Europa. ¡Y "para la paz en el País Vasco"! (Esto último fue de Le Monde, el principal rotativo de nuestro vecino de arriba, siempre presto a darnos sal.) Recientemente, Liberation, al que parecen privar los términos bélicos, afirmaba que "la mayor parte de las formaciones de esta rica y turbulenta región del nordeste del país está en pie de guerra". "Turbulenta", en fin. Hay más apoyos a la configuración acelerada de un Estado catalán, aunque también los hay de advertencia de los males de la disgregación, también para la propia Cataluña, más allá del aparente fuenteovejuna que quiere capitalizar Montilla: que no me ganen a catalán los rivales de las urnas. Ante el inusitado interés por los derechos de la región más rica de España, es curioso advertir cómo, de nuevo, desde fuera suele interesar que se intensifiquen las fuerzas centrífugas que se desencadenan en la casa de los colindantes.

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