Sevillanismo

No dejemos que nadie establezca un falso canon de cómo debe ser nuestra ciudad

15 de enero 2024 - 01:00

Como es conocido y de vez en cuando recordado, hoy una vez más, Manuel Chaves Nogales publicó en el primer número de la revista Mediodía (1926) un artículo titulado “Sevilla desde dentro y desde fuera” que prácticamente es un manifiesto. En el se puede leer: “Lo peor de Sevilla es el sevillanismo. Al volver ahora sobre el tema de la ciudad después de unos años de alejamiento lo que más me desagrada en ella es su exaltación, sobre todo la exaltación literaria. Literariamente Sevilla está demasiado hecha, demasiado trabajada. Dejémosla estar. La única manera de no torcer su sentido será no pretender interpretarlo. No añadirle cosas; dejarla desnuda; cuanta menos literatura mejor”. Estas líneas me parecen una declaración de amor a su ciudad por parte del autor, en la misma medida que un buen maestro cifra todo su saber en contribuir al desarrollo de su alumno, sin intentar torcer sus potencialidades, sin forzar su personalidad, al dejar que afloren sus cualidades sin tener que repetir modelos previos. Al que solo es voluntarioso, explicarle el método, al creativo, dejarlo volar.

Los poetas y artistas sevillanos del primer tercio del siglo XX son invocados frecuentemente como los mejores intérpretes de las esencias de la ciudad. Creo que ellos querían una Sevilla mejor que la que conocieron. En el editorial de ese ejemplar de la citada revista se puede leer: “Para ello una sola norma: depuración. Pocas ciudades tienen que lamentar una falsa leyenda emplebeyecida, un cúmulo tan denso y pesado de equívoca literatura como nuestra ciudad. A mal semejante solo una rigurosa depuración puede oponerse. Depuración en todos los órdenes dentro de una fina cordialidad para los diferentes gustos y tendencias…”. Esta declaración la respaldan con su presencia en la revista, Manuel Chaves Nogales, Eduardo Llosent y Marañón, Juan Miguel Sánchez, Joaquín Romero Murube, Rafael Laffón, Alejandro Collantes de Terán, Felipe Cortines y Murube, etcétera.

Es difícil no dejarnos seducir por esta ciudad y por los poetas y poetisas del Romanticismo, de Bécquer a Antonia Díaz y Blanca de los Ríos. ¡Cómo nos la hicieron sentir! Pero no podemos dejar que nos sumerjan en montones de hojarasca y olor a naftalina aquellos que pretenden estar en la misma estantería que nuestra mejor literatura barroca o romántica. La depuración es la mejor norma, como nos aconsejan los poetas antes citados. Y no dejemos que nadie establezca un falso canon de cómo debe ser nuestra ciudad, de qué cosas o comportamientos son propios de nuestra ciudad. No somos una urbe compacta de formas y grupos únicos. Quizás nunca lo fuimos y ahora menos. Por eso nos sobran pretendidos maestros que expidan carta de sevillanismo con reglas que además solamente ellos pueden interpretar. Casi un siglo después de la aparición del primer número de Mediodía, Revista de Sevilla y ya bien entrados en el siglo XXI, podemos pedir como Chaves Nogales que nadie pretenda interpretarnos. Somos los sevillanos los que hacemos la ciudad.

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