Siempre Maradona

Lo que lo diferencia del excelente jugador que es Messi es sobre todo esa aura de genio incontrolable

Aficionados se juntan en la clínica donde se encuentra ingresado Maradona. Aficionados se juntan en la clínica donde se encuentra ingresado Maradona.

Aficionados se juntan en la clínica donde se encuentra ingresado Maradona. / Demian Alday / Efe

Es frecuente entre los aficionados la eterna discusión sobre el mejor jugador de todos los tiempos, y entre las opiniones hay razonamientos variopintos que van desde los técnicos a los nostálgicos o de simple pertenencia, pues las generaciones han crecido con un jugador de referencia en el que se reconocen y se identifican como aficionados. Igual que nuestros hijos votarían masivamente por Messi, los mayores se acordarán de Di Stéfano, con el permiso de Pelé, e incluso hay quien con una estética más pop diría otros nombres tipo Cruyff o el mítico George Best. Mi generación fue la de Maradona, quien la semana pasada cumplió los posiblemente sesenta años peor llevados de la historia.

Criado en los suburbios de Buenos Aires, desde el principio representó el prototipo de genio sin una mínima formación, carne de cañón para negociantes sin escrúpulos, lanzado a la fama sin paracaídas ni más apoyo que su propio talento. Tras un paso decepcionante por aquel Barcelona errático y dilapidador de nuestra niñez, fue en la atractiva Nápoles donde alcanzó la cima de su carrera a mediados de los ochenta, revertiendo a base de goles y regates la antipática supremacía del industrioso y próspero norte italiano sobre el miserable y degradado sur. Dentro de su genialidad, siempre nos llamó la atención su asumido papel redentor de la causa de los pobres contra los poderosos, ya sea en forma de scudetto celebrado por todo lo alto entre las peores compañías o aquella "mano de dios" inverosímil que tuvo tanto de triunfo como de revancha tardía contra la odiada Inglaterra de Las Malvinas, en una de las actuaciones más extraordinarias de un jugador en un mundial.

Mis amigos maradonianos suelen recurrir a otros argumentos secundarios para ponerlo por encima de otros, como el estado lamentable de la mayoría de los terrenos de juego de entonces o la leña que repartían tuercebotas de distinta procedencia y condición sin las reglas protectoras de ahora, pero para mí lo que lo diferencia del excelente jugador que es Messi es sobre todo esa aura de genio incontrolable, la misma que posiblemente le llevó a traspasar la raya de lo socialmente admisible, y la que todavía nos roba una mueca de simpatía cuando aún hoy lo vemos pelear desmañadamente contra su propia caricatura. Maradona, además, jugó en el Sevilla. ¿Alguien todavía duda quién es el futbolista más grande de la historia?

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