Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
La semana pasada ha recibido la autorización medioambiental el túnel bajo la ría de Bilbao, tras más de cinco años de trabajos técnicos y controles administrativos. Una vez comenzadas las obras está previsto que estén finalizadas en 2028. El túnel unirá Getxo con Portugalete, facilitando la unión de las dos márgenes de la ría y conectando dos zonas muy pobladas de la aglomeración metropolitana de la capital vizcaína. Este túnel se construye bajo el actual puente de Rontegi habitualmente congestionado de tráfico por la fuerte demanda de paso. En total los trabajos de proyecto, tramitación y construcción van a durar diez años aproximadamente. En Bilbao no se han planteado la disyuntiva entre túnel o puente que tenemos en Sevilla con el paso del Guadalquivir previsto en la SE-40 entre Dos Hermanas y Coria, ni si finalmente tendremos uno de los mejores de Europa, en futuro prometido que es un tiempo verbal muy nuestro. En Bilbao, tenían ya un puente y ahora van a tener un túnel. No como aquí que, en un aparente juego de trileros era túnel, pero ya es puente, en una más que habitual discusión en las que se nos pasan los años y mientras tanto a los gobiernos de turno les resulta cómodo retrasar las partidas presupuestarias. No voy ahora a comparar técnicamente los dos proyectos, el de la ría del Nervión y el del Guadalquivir, pero basta recordar que el bilbaíno tiene unos tres kilómetros de largo, de los cuales 200 metros son bajo el agua y está proyectado intermodal, es decir, para poder ser utilizado no solamente por los coches sino también por otro tipo de transporte. La pregunta que quizás hay que hacerse es: ¿por qué en Bilbao van a tardar diez años para tenerlo en funcionamiento y en Sevilla, previsto desde 2009 el túnel, estamos como estamos, aunque con la promesa de que se inaugurará un puente en 2028? Ya lo veremos.
¿Tanta diferencia hay entre Bilbao y Sevilla? Pues sí, la hay. Sobre todo, en la manera de afrontar los asuntos por los ciudadanos. Seguramente recordarán las habituales protestas callejeras de los jubilados en Bilbao, reclamando mejores pensiones, cuando probablemente tengan las mejores de España en comparación, unos 1.600 euros de media, trescientos por encima de la media española. Me temo que a los sevillanos se nos va la fuerza entre discutir sobre los debates de política que nos marcan desde las direcciones de los partidos en Madrid y en pensar y repensar cuál es el horario adecuado para beber cerveza en las aceras, de pie o aupados en los taburetes de turno. Una cuestión trascendente y que ayuda mucho en la resolución de las grandes carencias de infraestructuras que tiene Sevilla y que viene arrastrándose año tras año, década, tras década. No caigamos, por favor y con mis disculpas, en el simplismo de pensar que no tiene importancia todo eso, porque aquí se vive muy bien. Sí, el que puede. Y si nosotros hemos inventado el tapeo, que está por ver, los bilbaínos también disfrutan de sus pinchos y del buen vivir.
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