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Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

Viva la (tía) Pepa

Esta mujer sencilla, que hablaba sin tapujos, nos ayudó en los momentos más difíciles con la medicina de la sonrisa

Hasta hace unos días no era raro que a cualquier persona de la provincia de Cádiz le preguntaran en el pueblo o la ciudad más insospechada de España cómo estaba la tía Pepa. María Josefa Neto Cárave, que así se llamaba la abuela más famosa del confinamiento, fallecía este lunes en El Puerto a los 80 años de edad y nos dejaba huérfanos a todos los que durante muchas semanas muy duras pudimos disfrutar de sus conversaciones con su sobrino Antonio García Neto, Tito, como ella le llamaba.

Su fama llegó a traspasar fronteras gracias a unos vídeos caseros grabados por Antonio en la casa en la que vivía junto a él y su familia y en los que no dejaba títere con cabeza. "Chiquilllo, ¿pero cómo no va a haber Semana Santa, tú estás loco o qué?" Sus opiniones políticamente incorrectas acerca de los gobernantes y sus decisiones en unos momentos especialmente difíciles en los que la mayoría guardaba un silencio entre temeroso y prudente la convirtieron en la voz de una conciencia a modo de Pepito (Pepita en este caso) Grillo de la pandemia. Arte por los cuatro costados, desparpajo, gracia natural o simplemente genialidad eran algunas de sus cualidades.

La maldad residente en las redes sociales y una salud frágil acabaron por desgracia con una galería de vídeos que han quedado para la historia de estos tiempos. Su voz grave calló y su figura menuda (pero en un cuerpo que desbordaba carácter) desapareció de aquellos primeros meses de la crisis sanitaria que la dieron a conocer a todo el mundo. Porque la Tía Pepa tuvo, y tendrá siempre, seguidores por todo el planeta, como atestiguan decenas de miles de personas que comentaban desde América hasta Australia sus apariciones y que hoy lloran su marcha.

Su figura, la de una mujer sencilla que decía lo que pensaba cómo y cuándo le apetecía, sin esperar aplauso alguno, quedará ya para siempre como uno de los símbolos de una pandemia que nunca llegó a entender, de la que tanto habló a su manera y cuyo fin no ha podido ver. Como muchas otras tías Pepas que existen en España, ella también ha sido una de las personas que nos ha ayudado con la mejor medicina que existe, que es una sonrisa, a sobrellevar esta pesadilla en la que cada vez nos encontramos con más incertidumbres y palos de ciego. Hay que agradecerle, por tanto, esos buenos ratos y aprender de esta gran mujer, como buena gaditana de El Puerto, por su capacidad de expresarse sin tapujos y con la libertad de la que su tierra es cuna.

Viva la Pepa. La tía de España.

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