Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El plátano de sombra es un majestuoso árbol con fuertes raíces históricas en Occidente, considerado sagrado en época clásica. En este sentido, el poeta Marcial revela cómo el llamado platanus cordubensis fue plantado por Julio César en Córdoba antes de la batalla de Munda del año 45 a. C., episodio final de su largo enfrentamiento con Pompeyo. Los ejemplares híbridos pertenecientes a Platanus x hispanica proceden originariamente del cruce entre especies ancestrales y son los que se hallan mayormente en Sevilla, sobreviviendo a duras penas a la irresponsable acción humana y sufriendo con frecuencia cruentas intervenciones en sus raíces, podas excesivas o talas injustificadas. Plátanos de sombra serían plantados en la arboleda extramuros de origen dieciochesco -poblada de álamos, sauces y fresnos- que tapizaba el margen izquierdo del Guadalquivir y conformaba románticos paseos.
El primitivo Salón de Cristina fue promovido en 1830 por el asistente José Manuel de Arjona y trazado por el botánico arancetano Claudio Boutelou cerca del Paseo de la Bella Flor y la Torre del Oro. Los Jardines de Cristina que hoy contemplamos en la Puerta de Jerez surgen de su profunda reestructuración con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 y de su último modelado en el presente siglo, cuando se introducen una fuente y varias placas pétreas con sugerentes versos de poetas del 27, constituyendo un oasis urbano que destaca por albergar magníficos plátanos de sombra. Entre ellos, El abuelo -quizá de la plantación original- exhibe un porte grandioso que alcanza veinticinco metros de altura, ocho de perímetro en su base y dieciocho de diámetro en la copa, siendo considerado uno de los árboles más longevos de nuestra ciudad tras el ombú de la Cartuja de comienzos del siglo XVI y el "naranjo de Pedro el Cruel" del Alcázar. El centenario espécimen preside un conjunto de siete plátanos de sombra en estos históricos jardines, quedando recogido en el Catálogo de Árboles Singulares por su noble pasado, longevidad y monumentalidad. Debido al deterioro provocado por el inexorable paso del tiempo, puede presentar algunas pudriciones en ramas secundarias y terciarias al igual que otras platanáceas de la urbe. Sin embargo, la selvática hermosura de sus hojas palmeadas que desarrollan una benéfica sombra estival, el estampado artístico que dibuja su verdosa corteza sobre el blanquecino tronco, su tenue fragancia primaveral, el cobijo que ofrecen sus oquedades a numerosos animales y el legendario pasado que acumulan sus elegantes ramas erguidas como candelabros en los aires de Sevilla son motivos más que suficientes para respetarlo y amarlo.
Luis Cernuda dedicó un poema al plátano de sombra durante su estancia en Cambridge: "Al lado de las aguas está, como leyenda,/ en su jardín murado y silencioso,/ el árbol bello dos veces centenario,/ las poderosas ramas extendidas,/ cerco de tanta hierba, entrelazando hojas,/ dosel donde una sombra edénica subsiste".
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