¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
Apartir de hoy ganamos medio minuto de luz al día. Lo saludamos con gozo cuantos aborrecemos la noche y el frío tanto como agradecemos el día y la calidez. La noche, siempre, pero más la invernal, hace más honda la soledad, más doloroso el sufrimiento, más interminable la vigilia. Nadie lo describió mejor que Proust en las páginas de En busca del tiempo perdido: “Es el momento en que el enfermo que tuvo que acostarse en una fonda desconocida se despierta, sobrecogido por un dolor, y siente alegría al ver una rayita de luz por debajo de la puerta. ¡Qué gozo! Es de día ya. Dentro de un momento los criados se levantarán, podrá llamar, vendrán a darle alivio. Y la esperanza de ser confortado le da valor para sufrir. Sí, ya le parece que oye pasos, pasos que se acercan, que después se van alejando. La rayita de luz que asomaba por debajo de la puerta ya no existe. Es medianoche: acaban de apagar el gas, se marchó el último criado, y habrá que estarse la noche entera sufriendo sin remedio”.
Es algo sabido hace siglos. Pero hay remedio. “Aguarde Israel al Señor, como el centinela aguarda la aurora, porque del Señor viene la misericordia”, canta el salmo 130 que, leído en sevillano, se visualiza como la túnica persa vistiendo de gloria epifánica a ese derrotado de una causa invencible que es el Señor del Gran Poder, símbolo supremo de nuestra Navidad. Viéndolo nos sentimos, como escribió San Pablo, “atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados”. Como Él. Gracias a Él.
Por eso tantos lo sienten tan suyo a la vez que se sienten tan de Él, su dolor de hombres representado en el Señor y su divinidad dándoles la grandeza, el sentido y la dignidad que a cada ser humano corresponde, y tantas veces el mundo le niega, en la más conmovedora identificación que el arte cristiano conozca. Haciendo visible lo que San Gregorio de Nisa escribió: “Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador”.
Termina el Adviento. Llega la luz. La diurna, que crecerá segundo a segundo. Y la divina que trae este salvador, este socorro, este libertador que tantas imágenes sevillanas representan de forma tan conmovedora y el Gran Poder de forma absoluta.
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