Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

La antigua plaza del Pozo Seco

La única entrada a la barreduela del Pozo Seco provenía de la plaza de Doña Elvira

Accediendo al barrio de Santa Cruz a través de Mateos Gago, por donde discurre en época bajomedieval el muro que separaba la comunidad judía del resto de la población sevillana, se llega al cruce con la calle Rodrigo Caro, en cuyo comienzo se emplazaba el postigo del Atambor, una puerta menor de la judería. La única entrada a la barreduela del Pozo Seco -actual plaza de la Alianza-provenía de la cercana plaza de Doña Elvira, hasta que en 1845 se horada un nuevo paso a través del arquillo del Sacramento que la enlaza con Mateos Gago, siendo rotulada con el nombre definitivo de la Alianza veintitrés años más tarde.

Después de una remodelación a comienzos del siglo XX, en los años sesenta se lleva a cabo una reforma bajo los auspicios de Joaquín Romero Murube, poeta de la Generación del 27 y conservador-director de los Reales Alcázares, por la cual adquiere la plaza su actual fisonomía con dos espacios contiguos en niveles distintos. El superior proviene en gran parte del derribo de casas adosadas a los muros del Alcázar, de la instalación de una evocadora fuente dieciochesca procedente del jardín de las Delicias y de la apertura de la calle Joaquín Romero Murube, que conecta con la plaza del Triunfo. El inferior, al que se baja por una rampa, corresponde a una extensión apartada que conserva la traza del caserío primitivo -engalanada con macetas de aspidistras, yucas o helechos-, manteniendo el encanto de la antigua barreduela en el silencio y el compás de los tiempos. La plazuela de la Alianza mantiene un histórico pavimento en damero con cuadros de chinos encintados con adoquines de Gerena, estando bordeada por losas de Tarifa. Enmarcada por una veintena de arabizantes naranjos, hermosas flores azafranadas de clivias tapizan en primavera-verano un largo parterre a los pies de la muralla, así como una buganvilla roja se postra a los pies del "roldanesco" Cristo de las Misericordias de Santa Cruz en un espléndido retablo con tejaroz.

"Sevilla, cuando yo muera/ no quiero ser tierra tuya./ Aire fino de tus barrios./ Soledad de tus clausuras./ Vuelo y canto de campanas/ que suben a Dios su música./.../ Sevilla, cuando yo muera/ quiero ser tu gracia pura" (Joaquín. R. Murube).

Según la tradición, en el Pozo Seco residía Ana de Pantoja, prometida de don Luis Mejía, rival de don Juan Tenorio en legendarios litigios amorosos. Al amparo de los míticos muros del Alcázar, el carácter recóndito del lugar incitaba a ser visitado por caballeros duelistas. Aún resuenan en las altivas paredes andalusíes etéreas voces disonantes y eternos ecos susurrantes de enamorados que buscaban y buscan, bajo el firmamento estrellado, su particular paraíso de suspiros, promesas y besos.

"Ya estoy frente de la casa/ de doña Ana, y es preciso/ que esta noche tenga aviso/ de lo que en Sevilla pasa./.../ Si honor y vida se juega,/ mi destreza y mi valor/ por mi vida y por mi honor/ jugarán... mas alguien llega" (Don Luis Mejía embozado; Acto II de Don Juan Tenorio).

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