El Currinche

Íñigo Ybarra Mencos

La bicha

26 de enero 2015 - 01:00

AL Diablo le gusta reírse de los mortales, es su sino. Una de sus bromas consiste en promover coincidencias entre el aspecto de las ciudades y el de las personas. En Sevilla, por ejemplo, los altos del paseo Juan Carlos I siguen la misma travesía existencial que el Rey que les dio nombre, y así los vemos desmoronarse a idéntico ritmo que el vigor físico del añorado Monarca. Desde los días felices de la Expo, fecha en que tanto Su Majestad como su paseo disfrutaban en el apogeo de la gloria, mucha agua ha entrado y salido de la dársena del Guadalquivir. Ambos han envejecido desde entonces, pero como el que tuvo retuvo ni uno ha perdido un átomo de realeza ni el otro de belleza, simplemente son diferentes. Ante los dos sólo cabe levantarse respetuosamente el cráneo.

Pero dejemos tranquilo al Rey disfrutar de su merecidísimo descanso y vayamos al paseo. En la actualidad estirar las piernas por él es una experiencia excitante. Suelo, fauna y flora han logrado forman un espacio unitario muy a propósito para las aventuras de riesgo. Lo mismo se descalabra uno al saltar entre las raíces de los plataneros que destrozaron el pavimento que se encandila al contemplar la serpiente acampada junto al monumento erigido al general José de San Martín, héroe argentino y traidor español.

La referida culebra es gruesa como las salchichas servidas en la Cervecería Internacional y larga como media rueda de celentitos. La criaturita dormitaba al sol en el pretil cuando fui a contemplar el río desde allí, y no sé quién se asustó más al apoyar yo inadvertidamente la tripa sobre sus escamas, pero mi salto fue tan rápido como su serpentear hacia una grieta cercana. No tenía hechuras de ser descendiente de la luciferina protagonista del Génesis, pero seguro llevaría sangre de las que mordisquearon a Don Rodrigo en "Por do más pecado había".

El caso es que ver una serpiente danzando a metros de la biblioteca pública Felipe González"da que pensar. Lástima que sea incapaz de hacerlo, lo he intentado, pero nada, no hay forma. Sin embargo, confío en la infalibilidad del Círculo Podemos sevillano para que me saquen estas castañas del fuego. A sus preparados e inteligentes dirigentes les es fácil meditar en ello para, acto seguido, tras organizar el oportuno plebiscito, ofrecer la bicha al pueblo. A fin de cuentas es el inexorable destino de ambos; el de la bicha y el del pueblo.

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