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Postales desde el filo

La caza

Con el caso Filesa nuestra democracia perdió la inocencia: los adversarios pasaron a ser enemigos

Las informaciones facilitadas por un ex contable, que reclamaba una fuerte cantidad de dinero a una de las empresas relacionadas con la financiación ilegal del PSOE, destaparon el primer gran escándalo mediático de corrupción política de nuestra democracia. La instrucción del caso fue bastante aparatosa con espectaculares registros en la sede del Banco de España, del BCH en Barcelona y en la del PSOE. El asunto y su enorme repercusión mediática permitió al PP deslegitimar moralmente a un adversario al que no lograba vencer en las urnas. La cosa acabó, siete años después, con algunas condenas a personajes secundarios de la organización socialista, pero la credibilidad del PSOE, tras quince años de gobierno, había sufrido un daño irreparable. El PP que ganó las elecciones del 96 prometiendo regeneración política -incluso una nueva Transición- acabó con los años encabezando el ranking de corrupción política en nuestro país. Una sentencia sobre un caso de financiación ilegal, de mucha más envergadura que Filesa, permitió al PSOE promover una moción de censura contra Rajoy cuyo resultado es de todos conocidos. Una ironía de la historia.

Con el caso Filesa nuestra democracia perdió la inocencia: los adversarios pasaron a ser enemigos que había que destruir, para lo que las acusaciones de corrupción resultaron un arma de destrucción masiva. La cosa es bastante sencilla: un caso, más o menos sólido, unos medios de comunicación extremadamente partidistas y unos inacabables procedimientos de instrucción, amenizados con todo tipo de filtraciones -fragmentarias e interesadas- de declaraciones, informes policiales, autos, requerimientos, etc. Pasado los años, lo que suceda en el juicio es lo de menos, sea cual sea la sentencia nadie será inocente ya que habrán sido previamente condenados. Ahora es Podemos el que se sienta en el banquillo mediático probando su propio jarabe. Elevó el listón de los comportamientos éticos más arriba que nadie. Que las acusaciones sean más o menos sólidas es lo de menos, la caza mediática no va a parar. En este clima de polarización, la presa es demasiado valiosa para dejarla escapar viva; por mucho que el tiempo demostrase la falta de fundamento de las acusaciones. Durante esos años gozarán de la misma presunción de inocencia que ellos han concedido a los demás. Así las cosas, no es fácil dilucidar si la política se ha judicializado o la justicia politizado. Probablemente ambas cosas.

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