La Campana

José / Joaquín / León

¿Qué es una cofradía?

NO he conocido una cuaresma con el ambiente tan enrarecido como ésta. El motivo no es el Vía Crucis del Año de la Fe y sus circunstancias. Pongamos que en ese acto, y en todo lo que implicó, surgieron problemas latentes, que antes o después hubieran estallado. Hay una crisis de dirigentes en las hermandades (no en todas), y dudas sobre la capacidad del Consejo, más allá de tener a Carlos Bourrellier como un presidente de rebote, antes de cumplirse el primer año de que fuera elegido Adolfo Arenas. Todo ello influye en que aparezcan demasiadas suspicacias, enfrentamientos inútiles, que se mire todo con lupa... Y hasta que se vuelva a plantear lo más básico: ¿qué es una cofradía?

El arzobispo Asenjo ha sido injustamente caricaturizado por algunos, con el típico toque xenófobo de que no es sevillano (tampoco lo eran Amigo Vallejo ni Bueno Monreal y se les dijo lo mismo cuando llegaron). Al margen de que nacer en Pino Montano o Los Pajaritos no otorga la ciencia del cofrade por don del Espíritu Santo, el arzobispo ya está viendo lo suficiente para comprobar que en las hermandades hay de todo, y que en unas se tienen las ideas más claras que en otras. Esta semana ha escrito una carta pastoral sobre las cofradías. Desde el Concilio Vaticano II, a los cofrades les ha gustado mucho que los arzobispos (incluso todos los obispos del Sur reunidos) elaboren documentos pastorales para recordarles lo que son, ya que a veces se les olvida.

Hemos conocido diversos documentos de los arzobispos y obispos sobre las cofradías. En unos reñían más que en otros. Casi todo lo que dicen se puede resumir en tres ideas: le arrean al folclore y el espectáculo cultural; recuerdan que las cofradías pertenecen a la Iglesia y están para el culto religioso y la caridad; y les piden que contribuyan a la evangelización del pueblo con la catequesis de sus pasos y su testimonio fraterno. En resumen, se trataría de diferenciarlas de peñas culturales y recreativas, asociaciones de aficionados al costal o la corneta, y bares donde se ven vídeos de Semana Santa todo el año.

En esta carta pastoral de monseñor Asenjo hay un matiz interesante. No ha arremetido contra el folclore y la cultura de las cofradías. Al revés, lo ha valorado positivamente y ha reconocido que, cuando llegó a Andalucía, la Semana Santa le deslumbró por su belleza, por su estética. Pero, claro, también pide "que nada ni nadie solape, con otras perspectivas o intereses, lo que primariamente es un acto de piedad, de penitencia e invitación a la conversión". La religiosidad es lo que legitima a las cofradías, con su expresión a través de la devoción a Cristo y la Virgen.

En estos tiempos, el problema no es el folclore de las cofradías como expresión cultural, sino que el folclore sea lo único que exista, cuando detrás no hay devoción, sino falta de fe, y sólo se está ahí para aparentar. Es evidente que a la mayoría de los cofrades no le ocurre eso; pero también se nota que, de vez en cuando, hay actitudes sorprendentes y se dejan llevar por un entorno variopinto.

Tampoco se trata de que los dirigentes de las cofradías sean doctores en Teología. Simplemente, bastaría con que tengan claras las ideas básicas.

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