La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El canto de 'los babuchas'
Preparando la presentación de Los 400 golpes para la inauguración del estupendo ciclo Tiempo de cine. El cineclub de Caixaforum, buceaba por el contexto cultural y cinematográfico de la Francia de 1959. Lo que por supuesto obliga a hacerlo por la gigantesca obra de André Malraux como primer ministro del primer ministerio de Cultura creado en Europa por iniciativa de De Gaulle. El programa que se había marcado en su toma de posesión era tan ambicioso como necesario: “Hacer que las obras esenciales de la Humanidad y, sobre todo, las de Francia, sean accesibles a la mayor cantidad de franceses posible y fomentar la creación de las obras de arte y del alma que lo enriquecen”. ¡Bravo!
Fue lo que guió su decisiva aportación al cine francés, tanto en lo que se refiere a la conservación y difusión de su patrimonio histórico como a la promoción de nuevos realizadores en la efervescencia del nacimiento de la Nueva Ola. El 24 de noviembre de 1959 presentó ante la Asamblea Nacional sus planes para el cine en un discurso que seguía fielmente el programa que se había marcado: “Proteger el cine de calidad es, antes que nada, conocerlo. Por ello nuestra tarea primera es crear por fin la Cinemateca para la que tenemos la primera colección de películas antiguas del mundo; y crear casas de cultura en las que todos los jóvenes podrán ver, en dos o tres años, las más hermosas películas que el mundo ha producido… Ya lo he dicho: fomentar la cultura es dar a conocer las más grandes obras al mayor número de personas. Y asegurar la calidad cinematográfica es dar a conocer las mejores películas al mayor número de adolescentes”.
Lo leía con una punzada de melancolía por como están las cosas, también en lo que a la cultura se refiere, en Europa y en España. ¡Malraux ministro de cultura! Comparen. Y por cómo este antiguo compañero de armas de los comunistas en España y la Resistencia contestó, en aquella sesión de 1959, a las críticas de sus antiguos camaradas, tan dados antes y ahora a tachar de fascistas a quienes discrepan: “Hay dos cosas de las que nunca me convenceréis por mucho que os esforcéis: la primera, que este Gobierno sea un gobierno fascista; la segunda, que el partido comunista sea un partido liberal [o de las libertades]”. ¿Les suena?
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