Una corona para Esteso

Esteso
Esteso / MG

03 de febrero 2026 - 05:30

ANTES de que el orientalismo, el cine, la copla y el Gallo hiciesen de lo andaluz la esencia de lo español, fueron los aragoneses los que ocuparon este honroso puesto que ya nadie quiere en el plurinacional siglo XXI. La prensa política y satírica hispana del XIX está llena de ilustraciones alegóricas en las que se caracteriza al valiente y noble español como un baturro, con su cachirulo y su calzón corto, su pecho hacia adelante y sus brazos en jarras, como dispuesto a arrancarse por una de esas jotas que, una vez oídas, dan ganas de degollar gabachos y poner sus despojos a los pies de la Pilarica.

El cómico Fernando Esteso era de familia de joteros y él mismo se arrancaba de vez en cuando por coplas ancestrales, poniendo el vello de punta a la España castiza y provocando espasmos de desaprobación en la España cernudiana. De alguna manera, Esteso representó el final de una manera de ser español y actor: calvo, bajito, morcillero, calentón... El cine de destape, de cuya triada capitolina formó parte Esteso junto a Pajares y Ozores, supuso al mismo tiempo un final y un inicio. Fue final y periodo manierista de la españolada tardofranquista, género hijo del Plan de Estabilización y del Ministerio de Turismo; y fue principio de un cine en el que se podían enseñar tetas y glúteos al tuntún, como quien no quiere la cosa. Si en algo se notó inmediatamente el fin de la dictadura fue en la desmadrada reproducción de imágenes de mujeres desnudas. Los quioscos de prensa se convirtieron en retablos lujuriosos repletos de pezones y pubis que atraían y perturbaban las miradas de los niños que entonces iban al colegio. Es curioso que lo que en su momento fue síntoma de la llegada de las libertades, el destape, haya terminado siendo ejemplo de la cosificación y explotación a las que, según algunos discursos, sigue sometida la mujer. Porque es cierto que las que solo enseñaban sus cueros eran las mujeres, mientras que los hombres, puestos a enseñar, aparecían protegidos por el paño de pudor de unos slips.

Esteso perteneció a una España que ya desapareció y de la que muchos se avergonzaban. No les gustaba verse reflejados en aquellos sátiros que no sabían inglés. Ahora somos altos, europeos y los desnudos ajenos los consumimos en la soledad onanista de los móviles. Ya en su época, Esteso provocaba rechazo, pero también no poca felicidad en aquellos españoles educados en las revistas y espectáculos de cabarets, con sus chistes verdes, sus piropos a voz en grito y sus vedettes de medias con carreras y descaro triste. Si eso estuvo mal o bien se lo dejo al concurrido club de los moralistas sucios. Yo me limito a depositar en la tumba de Esteso esta humilde corona.

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